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Vivir en Cuba y ser Queer ha sido elección. Mi vida es un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico.

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martes, 15 de febrero de 2011

Feria del Libro 2011: Haití, la acción revolucionaria y el imperativo existencial de seguir en combate

Entrevista con Dimitri Prieto Samsónov

Dimitri Pietro Samsónov es un bioquímico y abogado bastante popular en estos días de Feria, por su libro Transdominación de Haití (1791-1826), premio Pinos Nuevos 2010, que editó el sello Ciencias Sociales. El volumen goza de gran aceptación del público, supongo que por el interés que genera esta hermana nación desde el trágico terremoto de 2010.

En efecto, los reportajes de una Puerto Príncipe destruida nos hicieron rememorar las imágenes de sangre y sueño del El reino de este mundo, esa historia de la Revolución de Haití donde Carpentier funde historia y mito, lectura recomendada por los maestros en el bachillerato. Y nos recordaron que esa pequeña colonia francesa fue la primera en conquistar la independencia por la fuerza de las armas, que blandieron hombres y mujeres sometidos a la esclavitud e intensa explotación, para poner en las mesas de Europa azúcar y café. Nos hicieron pensar por último, con algo de vergüenza, que nunca hemos entendido por qué es Haití tan pobre, más allá de la vaga y poco dialéctica idea de fatum trágico en el destino de una nación o, peor, la solapadamente racista percepción de que un país “de negros” la tiene  más difícil en la arena internacional.

Pero Dimitri no es un nombre nuevo en el campo intelectual cubano. Después de graduarse como bioquímico en 1994 y de abogado en 2000, alcanzó el grado de Máster en Derecho, Antropología y Sociedad en la London School of Economics and Political Science (LSE). Trabaja como  investigador del Instituto Cubano de Antropología, y profesor del Centro Universitario de Santa Cruz del Norte (Universidad Agraria de La Habana), donde imparte Historia de la Filosofía, Derecho Constitucional e Historia y Crítica de la Teorías Sociológicas. Su labor de debate y promoción del pensamiento y la defensa de la Revolución Socialista −y él lo dice así, de verdad, sin miedo− lo hace lo mismo escribir reseñas sobre libros de ciencia política, que ayudar a que su comunidad exija el cumplimiento de las obligaciones al Poder Popular del municipio. Su coherencia y defensa sistemática de la acción auto-organizada, hacen que sea un gusto oírlo hablar en las acciones que organiza la Cátedra Haydeé Santamaría o la más amplia Red Protagónica del Observatorio Crítico.

Se imaginarán que a un tipo tan ocupado no es fácil sacarle una entrevista, pero unas horas antes de la presentación de
Transdominación de Haití (1791-1826), le hice llegar este cuestionario y aceptó.

“Análisis transgresor que no elude la complejidad de la confluencia —y complementación— de trazos de carácter histórico, antropológico, de ciencias políticas, la poética y otras disciplinas.” Así define tu editora el modo en que te acercas a Haití. ¿Habría sido ello posible si no llegas a saltar de la Bioquímica al Derecho pasando por la poesía?

Decididamente, no me considero un poeta, es decir, un escritor de versos. Pero poiesis es cualquier creación de algo radicalmente nuevo… El Derecho, estudiado por el dirigido, fue una opción para no volverme demasiado esquizofrénico y meterme con las ciencias sociales mientras trabajaba consagradamente como biólogo molecular en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología. Después, me enamoré y tuve que dejar el Centro, así comenzó la otra parte de mi camino. La biología molecular me enseñó lo que es hacer ciencia tal y como la entienden los investigadores de la naturaleza; pero el tema del libro es algo que me fascina desde los ´80, y sospecho que el haber estado en talleres literarios e investigado el ámbito jurídico cubano haya ayudado a concebirlo.

En el libro mencionas la importancia de la Cátedra Haydée Santamaría y de la Red Protagónica del Observatorio Crítico para tu continuo compromiso de militancia social. ¿Qué te llevó a una y a otra? ¿Por qué no te alcanza con el ejercicio académico y transformador de la investigación y la docencia?

Soy uno de los fundadores de ambos espacios. Es al revés: la academia y la docencia son para mí expresiones del activismo social –o militancia, si se quiere-, sin el cual pierden todo sentido y se convierten en mero ejercicio de farándula intelectual. Debo decir que tuve la oportunidad de confirmar más de una vez (por ejemplo, en la London School of Economics, plaza fuerte de la actual academia primermundista, donde eclosionó en calidad de tesis de maestría la primera versión del proyecto sobre Haití) que la Cátedra y después espacios más incluyentes como el OC, han sido un formidable medio para la adquisición de una preparación teórico-investigativa de primer nivel. También confirma este punto la multitud de textos de autores de la Cátedra premiados en los últimos 10 años, comenzando por el de Mario Castillo y Miriam Herrera sobre los chinos en Cuba. Creo que muchos activistas-investigadores en otros países del mundo comparten esta visión de un esfuerzo “mixto” como militantes y científicos.

Debemos –definitivamente– conquistarle el horizonte académico a los faranduleros, los censores y los burgueses. Tarea bien ardua, ¿cierto?

Fernando Martínez Heredia habla a menudo de la urgencia de elaborar en el pensamiento socialista una teoría de la dominación. ¿Es esta investigación sobre la transdominación tu grano de arena? De paso, dame una definición de transdominación en plan ABC (Asequible, Bonita y Compacta).

Si, este es mi aporte, en el sentido de que creo que estudiar sólo la dominación ya no basta. El problema central legado a las izquierdas por el siglo XX es el retorno de la dominación bajo otras facetas. ¿Por qué las revoluciones –aun las más bellas, exitosas, y de intención más radical–culminan frecuentemente en la construcción de un nuevo sistema represivo, excluyente y dominador? Este retorno de la explotación y la opresión es lo que llamamos transdominación.

Transdominación (versión ABC) es la formación de un nuevo sistema de dominación después de una Revolución exitosa que logra derrocar el sistema de dominación anterior, un proceso paradójico, claro, porque solo existe si la Revolución triunfa, si no es simple y llana contrarrevolución.

¿Por qué Haití? Me parece que hay en el continente suficientes ejemplos de revoluciones que instituyeron sociedades igual o más discriminatorias tras sacudirse el yugo colonial.

 Haití es probablemente el ejemplo más radical, siendo además un país bien desconocido, las conquistas de cuyo pueblo deben ser rescatadas en nombre de la descolonización histórica. Lo merece. El próximo paso quizás sería estudiar la independencia del Paraguay; hay razones para ello.

Todo el mundo habla del bicentenario de las luchas por la independencia en América Latina, pero la Revolución de Haití empezó oficialmente el 14 de agosto de 1791 y, la última vez que miré, el Caribe era parte de América Latina. ¿A qué atribuyes esta invisibilidad de Haití y sus próceres negros? ¿Por qué el empeño en nuestros libros de historia de blanquear la gesta independentista continental?

También algunos próceres negros vistieron trajes imperiales y se hicieron coronar reyes “como los blancos en Europa”. Hay un racismo elemental, el del color de la piel y ancho de la nariz, que todos conocemos; también existe un racismo cultural, que plantea que para ser “decentemente” independiente y por tanto visible hay que dejar de ser bárbaro y tornarse civilizado (independientemente del fenotipo corporal); este último ha condenado a la invisibilidad un montón de prácticas que no se dejan codificar en términos de mercancía y jerarquía. Marina Sitrin y yo dedicamos un estudio a cómo la gente se auto-organizó después del terremoto de Haití, en enero del 2010, y cómo los medios globales esperaban actos de barbarie, que era necesario parar, usando tropas y misiones militares para restablecer "ley y orden". Vimos cómo el autoritarismo de papá-Estado utiliza los mismos argumentos del racismo-light, y ello también contribuye a la invisibilidad de gran parte de la revolución haitiana, comenzando por el rol del Vodú. Me refiero a los argumentos que pretenden demostrar la necesidad de una autoridad tutelar, trátese de un estado criollo, una potencia extranjera o un conjunto de organizaciones internacionales: se trata justamente de negarle el protagonismo a los sectores populares, reservándolo solo a los "sabios", "ilustrados", a los "políticamente aptos". Es un argumento idéntico al usado por los colonialistas-light en su propaganda a favor de la "carga del hombre blanco": la misión de civilizar las razas atrasadas. Aquí el autoritarismo y el racismo se dan la mano, se retroalimentan, y comparten la misma epistemología autoritaria. Y una tercera razón: precisamente por la transdominación, Haití es hoy el país más pobre del continente; ello hace incómodo contar el bicentenario desde la revolución de “esos negros”, pues entonces además de enfrentar el racismo, deberíamos meternos a explicar la transdominación, ejercicio que a muchos no les conviene.

John Holloway dice de tu libro: “El énfasis en la mimesis es importante, porque sugiere que la clave para romper con el sistema existente es la asimetría radical con todos los aspectos del sistema que estamos rechazando: asimetría de ideas, de lenguaje, de formas de comportamiento, sobre todo de formas de organización. En la medida en que una revolución, por las razones que sea, reproduce las formas de la sociedad rechazada, deja de ser revolución.” ¿Al escribir sobre Haití y su fatum crees iluminar alguna zona del presente cubano? Después de todo, las dos son revoluciones acosadas por un imperio de cuya égida escaparon.

Cierto. Lo que pasa es que –como cristiano– no creo en el fatum. Pero sí creo que la noción de transdominación es lo suficientemente versátil para abordar procesos sociales de diversos tipos. Donde algún teórico conformista vería “leyes y condiciones objetivas” o “recirculación de élites”, nosotros visualizamos la transdominación y el imperativo existencial de seguir en combate.

Después de analizar a la primera gesta independentista de América, ¿me puedes decir, por lo menos, qué No es una Revolución?

Eso habría que pensarlo. Pero, decididamente, una victoria militar-insurreccional no necesariamente configura una Revolución. Aunque también existen las llamadas “revoluciones desde arriba”, como la que los yanquis organizaron en Japón después de los bombazos atómicos y la rendición del gobierno imperial. Si un triunfo insurreccional se combina con una “revolución desde arriba”, ¿se obtiene una Revolución? Japón tiene tremendos logros tecno-económicos, pero ¿ser exitoso es lo mismo que ser libre? O, en términos latinoamericanos: ¿desarrollo = liberación? Creo que esta pregunta es la mejor respuesta a la que tú formulas.

Dice tu compinche Julio César Guanche al final de El continente de lo posible  (2010): “... porque queremos inventar y afirmar la forma en que queremos vivir es que defendemos al socialismo y el comunismo para Cuba. Porque somos diferentes, porque la diversidad es nuestro patrimonio...”. Eso coincide con tu afirmación “en el horizonte estratégico inmediato de la izquierda está el rescate de la pluralidad en su pensamiento” (“La izquierda no es un lugar común”, 2006). Si la diversidad es patrimonio a defender para alcanzar el comunismo, ¿debe ser la sociedad socialista intransigente con cualquier ejercicio de discriminación? ¿Cómo se diferencia la singularidad legítima del individualismo retrógrado o antisocial?

 Creo que la persona, con esas letras, es el reto profundo del ser que debemos recuperar o conquistar. Esa noción nace al final de la era antigua de Occidente, e incluye las vivencias tanto de la profundidad en lo íntimo-existencial (singularidad legítima, en tus palabras), como de la valencia infinita en sus relaciones sociales, vistas en tanto relaciones con otras personas y no relaciones entre cosas (la reificación criticada por Marx, cuestionamiento éste que sin embargo, se remonta a tiempos bíblicos). Después, en la modernidad, se inventa el individualismo atomizador, que –bien sabes– a pesar de su carácter inicialmente reivindicativo, muchas veces se torna retrógrado y antisocial. Yo decía una vez (a propósito de un planteo de Jorge Luis Acanda de que el socialismo debe ser la socialización del poder, el saber y la propiedad), que la socialización sin personalización no resuelve absolutamente nada; y no se trata solo de una personalización (“apropiación”, diría Hegel, término éste basado en el Derecho Romano, con su noción de propiedad elaborada por esclavistas mercantilizados) como cuando se personaliza el Microsoft Office.

 A partir de la práctica y vivencia de ese personalismo social es que creo posible enfrentar con intransigencia cualquier discriminación. Y como la noción de persona conecta epistémicamente con la de comunión en libertad, el personalismo nos lleva –con organicidad- al comunismo libertario. Aunque me consta que otras culturas tienen nociones muy interesantes sobre lo humano, y hay que estudiarlas.

En 2005 afirmaste en el prólogo al libro Poder-Saber: Una ciencia política de la liberación: “… la guerra que se nos hace es de pensamiento. Pero en estos tiempos, saber ganar a pensamiento una guerra significa aprehender el método de guerrilla. La Revolución se lucha en un entorno de micro-poderes” ¿Cómo se insertan las nuevas tecnologías de la información en esa lucha? ¿Qué importancia tienen para la praxis o supresión de la epistemología emancipatoria?

 Son un instrumento formidable, pero instrumento en fin. Si nos afirman como personas mediante la guerrilla epistemológica y micro-política, afirmación que lleva implícita la capacidad de don de sí, de anonadarse “por nuestros amigos”, bienvenidas sean. Si, en cambio, suprimen nuestra capacidad crítica y contestataria, entonces son un veneno. Pero, Yasmín, creo en la libertad, creo en lo que decían Kant y Freire sobre ser libre, que en definitiva es como aprender a nadar: se logra haciéndolo. Y uno no deja de disfrutar del nado por temor a ahogarse, como no deja de amar a sabiendas del dolor que produce. Podemos ser blogueros libres y a la vez cantarle Dies Irae a la dominación. Debemos aprender a usar las tecnologías y hacerlo mejor que los adversarios, porque una vez más, la guerra no es contra “carne y sangre”, sino contra “las dominaciones y potestades” de este Eón en el que vivimos.

 Este es el lugar común, ¿qué estás preparando ahora?

Un informe investigativo sobre culturas de trabajo, una ponencia sobre transdominación, una reseña para Guanche a quien tengo embarcado por estar respondiéndole una entrevista a alguien que quiero mucho, y el V Foro Social Observatorio Crítico que será en marzo.

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