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Vivir en Cuba y ser Queer ha sido elección. Mi vida es un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico.

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martes, 20 de julio de 2010

En busca de Estraven I

Sobre el sentido de la especulación feminista en las historias de ciencia ficción

Para "... Luego insisto", de Cubaliteraria

Ningún otro género invita
tan activamente
a crear recreaciones de
las metas finales del feminismo.
Gary Westfahl

Antes de empezar, o de los derroteros de la crítica feminista

Como dicen que la venganza es un plato que se come frío, me parece que la reflexión es lo más oportuno cuando de revancha intelectual se trata. Al mismo tiempo, las ideas que siguen son absolutamente pertinentes en la crítica literaria cubana en tanto cubren un vacío metodológico: el análisis de la mujer en la Ciencia Ficción (CF). Así mi desagravio viene a tener un objeto social.

Sin temor al adjetivo, este es un ensayo feminista, que aplica la “hermenéutica de la sospecha” —la frase es de Beatriz Suárez Briones— para releer los metarrelatos masculinos hegemónicos sobre el sentido y devenir de la CF. Comoquiera que ¨la CF es un género fundamentalmente literario, que utiliza imágenes artísticas para insertar la lógica humana en un contexto coyuntural hipotético y extraer, de su interacción, un aserto admonitorio de carácter comunicativo” (Román 2005:16-17), no es descabellado preocuparse por el modo en que quienes imaginan nuestro futuro ven a las mujeres —después de todo somos más de la mitad de la población— y ocuparse de que ese imaginario no renueve todo excepto las relaciones de poder entre los géneros de modo impune, lo que entiendo como denunciar la discriminación donde aparezca.

Advierto que esto no tiene nada de novedad metodológica en el mundo: Tiempo atrás, la crítica feminista llamó la atención sobre la evidencia literaria de un arraigado prejuicio contra las mujeres o puntos de vista estereotipados sobre ellas, ya fueran autoras o personajes, porque la producción del discurso, crítico o ficcional, estaba marcado por la ideología de género (Suárez Briones 1997:5). Esta crítica feminista denuncia la sistemática aplicación de valores androcéntricos para marginar la producción literaria femenina o la que refleje a mujeres no ajustadas a la norma social vigente (González Pagés 2006:1, Suárez Briones 1997:6-7).

Los antecedentes en Cuba de estos enfoques de género para la literatura fantástica, recogen apenas dos nombres en el ensayo: Anabel Enríquez Piñeiro y Sigrid Victoria.

Nunca se me ocurrió preguntarle a Anabel  si era feminista, pero me parece que sus acciones de promoción de lo femenino, dentro de los encuentros ANSIBLE, de la primera década de este siglo, son gestos elocuentes. Junto a esta invirtió en la reflexión teórica, por lo que puedo citar ahora su texto “Mujeres y Literatura Fantástica: los caminos de(l) género”, fechado en noviembre de 2005.

Enríquez Piñeiro, advierte que su texto es más una exposición de interrogantes que de resultados, porque apenas hay respuestas en la investigación de género de ese basto campo literario que engloba lo fantástico: CF, fantasía y horror. En mi opinión lo más valioso del levantamiento de Enríquez Piñeiro es su catálogo de mitos no comprobados sobre la participación de las mujeres en el campo y sus singularidades estilísticas. Sumando el antiimperialismo al feminismo, hace hincapié además en que la invisibilización del género se cruza con la geografía, de modo que las autoras latinoamericanas ni siquiera reciben el reconocimiento académico que ya alcanzan las anglosajonas.

Pero Anabel Enríquez Piñeiro no buscaba solo gloria personal. Su esfuerzo por introducir la mirada del género incluyó acciones plurales. Así fue durante el IV Encuentro Teórico del Género Fantástico ANSIBLE, que incluyó en la programación el panel “La literatura fantástica femenina en Cuba”, moderado por ella, en la tarde del viernes 25 de mayo de 2007. Esta cita reunió voces de mujeres creadoras de CF y fantasía de diversas generaciones –me falla la memoria,  recuerdo a Sigrid Victoria, Gina Picard, Duchy Man y a mi misma tratando de dar voz a lo inefable, que me perdonen las que faltan y contacten aprisa para corregir el error. Aunque se reflexionó sobre la singularidad de la escritura femenina y el problema del canon androcéntrico, el evento no produjo actas o relatorías que puedan ser consultadas, lo cual no invalida la voluntad del equipo del ANSIBLE 2007, la organización del panel fue un paso adelante en sí mismo.

La segunda autora  que hay que recordar es Sigrid Victoria, con su conferencia “Ellos como ellas y viceversa” , tengo un ejemplar en mi PC en formato Microsoft Word, sin fecha. La argumentación está bien intencionada, pero no puedo decir lo mismo de la artillería teórico y esto le hace culpable de más de una ingenuidad. Verbigracia: “Queramos reconocerlo o no, con ese afán del feminismo de negar todo lo que se considera costumbre femenina, lo cierto es que las mujeres somos por naturaleza más escrupulosas que los hombres” ¡por favor! ¿De qué diccionario sacó la autora esa definición de feminismo? –es digna de M. Rosental y P. Ludin, pero ellos no conocen tal fenómeno, ni siquiera lo mencionan en su diccionario. Lo irónico es que este ensayo parte del presupuesto aportado por el feminismo de subvertir las lógicas androcéntricas, para develar logros y aportes de autoras al corpus literario del género.

Como es posible notar, mis antecedentes no son muy felices, los tres constan el desierto. Pero debo a “Mujeres y Literatura Fantástica: los caminos de(l) género” el haber dado forma a una pregunta que yo intuía. Se trata de la última de las líneas de investigación que propone Anabel para desarrollar estudios: “¿Cómo se comportan las diferencias temáticas, estilísticas e intergeneracionales en las obras de género fantástico escritas por mujeres y hombres en la historia de la literatura cubana fantástica?”.

Así mi venganza responde a los sueños de una colega.

De la lógica hermandad entre Feminismo y CF,
o ¿por qué cuestionarlo todo menos el maquillaje?

Para explicar por qué la CF no es espacio para la reflexión feminista, muchas personas citan a Sam J. Lundwall en 1971: “Los roles sexuales en la ciencia ficción son tan rígidos como el caso de una nave espacial; emancipación es una palabra desconocida” y se basan en el gran corpus textual de las edades de oro y plata de la CF —1938-50 y 1951-65 respectivamente—, cuando la mayoría de quienes escribían y leían las revistas del fandom eran hombres blancos norteamericanos. Esta era una literatura que cuestionaba el valor de la tecnología y la capacidad de comprensión de lo desconocido, pero que reproducía, sin el menor rubor, las relaciones de poder entre los géneros y las razas que normaban la sociedad del momento. A pesar de su carácter políticamente subversivo, estos autores reconocían un “techo de vidrio” en el papel femenino dentro de tales ficciones, y solo repetían una y otra vez un juego de estereotipos según lo demandase la trama. Estos “modelos de feminidad para la CF” eran apenas cinco de acuerdo con Lisa Tuttle: la virgen tímida, la Reina de las Amazonas, la científica solterona y frustrada, la buena esposa y la hermana pequeña marimacho (Lara 2005).

Lo antes expuesto no deja de sonarme paradójico, al igual que a  Lola Robles: “Pero realmente es curioso –o incluso paradójico– que una literatura cuyo carácter de marginalidad le ha permitido ser profundamente crítica con la sociedad, y que se ha caracterizado por presentar todo tipo de alternativas a ésta, por tratar de abrir nuestras mentes a infinitas posibilidades, más allá de lo conocido, de las creencias aceptadas, se haya mostrado tan conservadora respecto a las mujeres, o incluso decididamente reaccionaria y misógina“.

En realidad es lógico si recordamos que la CF es paradojal en si misma: durante las primeras seis décadas del siglo XX se le entiende como estrechamente ligado al masculino dominio de la ciencia, aunque haya sido creada por una mujer.

Aclaremos los términos: Digo “creación de una mujer” porque hay consenso respecto a que el género nace en 1818 con Frankenstein o el Moderno Prometeo, de Mary Shelley. Es tan fundadora la novela que, como bien apunta Rafael Lara, “carece, sin embargo, de personajes femeninos”.

Digo “el masculino dominio de la ciencia” a partir de la conciencia de la existencia de una masculinidad implícita en la lógica positivista de la ciencia occidental. Este “machismo de laboratorio” fue denunciado por una línea investigativa del feminismo. Spivak y Haraway, entre otras, señalaron desde la década del setenta, la hegemonía de un sistema de valores masculinista, para la construcción del conocimiento en las ciencias exactas, las llamadas “duras”, sí es fálico.

De lo que se trata es de que este modo de pensar y reconocer méritos ha relegado la labor de las mujeres en la ciencia a puestos de apoyo y, peor aún, desautorizó los conocimientos tradicionales de las mujeres  sobre economía, agricultura, salud o arquitectura, porque no podían ser equiparados al discurso positivista de supuesta objetividad que se articula desde los centros de poder hegemónicos. El resultado de este desprecio por las “habladurías” y “antojos” de las mujeres, está a la vista en fenómenos tan dispares como a) afirmar que las mujeres “no trabajan” porque trabajo es solo lo que se hace fuera de la casa por dinero; b) diseñar sistemas de urbanización que no consideran los patrones de movilidad de las mujeres –porque a los urbanistas no se les ocurría que son diferentes a los de los hombres–; c) imaginar que una cocina cómoda es un lujo burgués innecesario en apartamentos para familias proletarias. Pero no es el objetivo de este ensayo explicar de qué va la crítica feminista a la ciencia.

Dicho esto, sigamos adelante con la inducción–deducción:

Aceptemos que la ciencia ficción es un tipo de literatura cuyo presupuesto narrativo descansa en la reflexión sobre el impacto del desarrollo tecnológico en las sociedades. Entonces para hacer buena CF hay que preguntarse “¿qué pasaría si [aquí se incorpora un sintagma verbal relacionado con la ciencia y/o la tecnología]…?” y argumentar sobre el impacto del hecho en las relaciones interpersonales como un todo, porque la cultura es un tejido de trama apretada. La CF no es escapismo, pero para que la mirada sea verdaderamente seria tiene que llevar sus especulaciones hasta las últimas consecuencias: políticas, raciales, económicas, ecológicas, sexuales, etc.

Aceptemos que el feminismo lucha por lograr la igualdad entre los géneros y la eliminación de los prejuicios sexistas que limitan las posibilidades de desarrollo —material o espiritual— de hombres y mujeres. El feminismo no es solo reflexión pura, pero para hacer visibles las ataduras culturales que constriñen nuestras expresiones de afecto o conocimiento, tiene que sacarlas de contexto, hacerlas extrañas a nuestras percepciones socialmente condicionadas; por eso, si se trata de la narrativa debe acudir, en primera instancia, a la eliminación o la exageración.

Entonces, para exponer los argumentos del feminismo hay que acudir a las claves de la CF ya que solo en “otros mundos” podría: dejar de importar la genitalidad en el prestigio social, no ser compulsiva la heterosexualidad, industrializarse la reproducción —esto es desfeminizarla. Así es evidente el hermanamiento de presupuestos que da vida a la ciencia ficción feminista (CFFem), en la actualidad reconocida como un subgénero con vasta bibliografía, espacios editoriales, circuitos de eventos y premios, peso económico significativo en el mercado y, lo más importante, poca tendencia al estancamiento temático o formal.

A través del uso mayoritario de utopías, distopías o ucronías, la CFFem debate sobre las condiciones materiales e inmateriales que modelan las asignaciones de valor a los géneros en la sociedad o si estos son necesarios. Se plantean hipótesis sobre cómo la sociedad asigna roles de género, de qué manera el papel reproductivo de la mujer influye en su posición, y se revela la desigualdad entre el poder personal y político del hombre y la mujer.

Claro que todo eso no llegó de la nada.

Una sala VIP llena de mujeres

La CFFem es producto de la irrupción masiva de escritoras en el campo de la CF, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Ellas eran mujeres que escribían con una calidad literaria superior a la media y dilataban las fronteras temáticas del género. Cualquier persona del fandom sabe algunos nombres y no puede negar que son tan imprescindibles a la historia de la CF como Asimov, Pohl o Heinlein. Aquí algunos de los nombres de la primera oleada de estas “hijas de Mary Shelley”:

  • Catherine L. Moore (1911-1987). Casada con Henry Kuttner (1914-1958) en 1940, integró uno de los matrimonios más famosos y prolíficos del género. Suya es la novela La mañana final (1957). Su relato a cuatro manos “Mimosos se atristaban los borloros” fue incluido por Daina Chaviano en Joyas de la ciencia ficción.
  • Alice Mary Norton (alias Andre Norton, 1912-2005). Autora de Guardia estelar (1955), Las encrucijadas del tiempo (1956), El planeta de las brujas (1963) y Dama imperial (1989).
  • Leigh Brackett (1915-1978). Colaboradora de Astounding Science Fiction, Planet Stories, Strange Stories, Startling Stories, Super Science Stories, y otras revistas del género, desde 1940 con relatos y noveletas. Suyas son las novelas The Long Tomorrow (1955), The Secret of Sinharat and People of the Talisman (1964), The Hounds of Skaith (1974) y The Reavers of Skaith (1976).
  • Alice Sheldon (alias James Tiptree Jr., 1915-1987). Ex-miembro del ejército norteamericano y de la CIA, durante una década se le creyó hombre por su seudónimo y su estilo de escritura. “Hay para mí algo ineluctablemente masculino en sus narraciones”, dijo Robert Silverberg. Suyos son el relato “Houston, Houston, ¿me recibe?” (1976) y la novela En la cima del mundo (1978).
  • Anne McCaffrey (1926). Conocida principalmente por su saga Los jinetes de dragones de Pern. Fue la primera mujer en ganar un premio Hugo en 1968 (compartido con Philip José Farmer) y obtuvo el premio Nébula por uno de los relatos que forman parte de su libro El vuelo del Dragón. Tienen una saga de Pern: Dragonflight, Rapp & Whiting (1969), The White Dragon (1981) y Dragonquest (1982) y una serie de novelas ambientadas en ese mundo.
  • Kate Gertrude Meredith Wilhem (1928). Recibió el Nébula al mejor cuento en 1968 por "The Planners", el Hugo a la mejor novela en 1977 por Where Late the Sweet Birds Sang, el Nébula por noveleta de 1986 por "The Girl Who Fell into the Sky" y el Nébula de cuento en 1987 con "Forever Yours, Anna".
  • Sheri S. Tepper (1929). Ha publicado con diversos seudónimos como A. J. Orde, E. E. Horlak, B. J. Oliphant, y Sheri S. Eberhart. Algunas de sus novelas traducidas al español: La Bella durmiente (Beauty), Hierba (Grass), El Árbol familiar (The Family Tree), Tras el largo silencio (After Long Silence) y Despertar (The Awakeners).
  • Marion Zimmer Bradley (1930-1999). Creó el planeta Darkover como marco de la saga de Darkover, Aparte de la saga de CF, sus novelas más conocidas son Las Nieblas de Avalón recreación de la leyenda artúrica desde el punto de vista femenino (en el que la narración corre a cargo de Morgana le Fay) y La antorcha, historia de la guerra de Troya narrada por Cassandra.
  • Julian May (1931). Creadora de varias sagas y series: La saga Pliocene Exile: The Many-Colored Land (1981), The Golden Torc (1982), The Nonborn King (1983), y The Adversary (1984). The Galactic Milieu Series: Intervention (1987), Metaconcert (Intervention no. 2) (1989), Jack the Bodiless (1991), Diamond Mask (1994) y Magnificat (1996). La serie Trillium comenzó como una colaboración a seis manos: Black Trillium (de Marion Zimmer Bradley, Julian May y Andre Norton, 1990), luego cada una continuó la serie por caminos independientes, ella aportó Blood Trillium (1992) y Sky Trillium (1997). Serie The Rampart Worlds: Perseus Spur (1999), Orion Arm (1999) y Sagittarius Whorl: An Adventure of the Rampart Worlds (2001). Serie Boreal Moon: Conqueror's Moon (2004), Ironcrown Moon (2005) y Sorcerer's Moon (2006).
  • Suzette Haden Elgin (1936). Autora de ficción y ensayo, fundó la Asociación de Poesía de Ciencia Ficción. Sus libros más famosos acaso sean la trilogía de La lengua nativa: La Lengua nativa (1984), La Rosa Judas (1987) y La canción de la Tierra (1993).
  • Joanna Russ (1937). Autora de cuentos y novelas por igual; empezó con Picnic en el paraíso (1968) y pasó a la historia con el escalofriante ejercicio de mundos paralelos El hombre hembra (1975), una de las obras más polémicas de la CFFem.
  • Suzy McKee Charnas (1939). Ha ganado varios premios literarios con su obra, entre ellos el Hugo, el Nébula y el James Tiptree Jr; este último reconoce las obras de ciencia ficción que expandan o exploren el conocimiento de la orientación sexual, lo que incluye obras que traten de forma directa o tangencial temas gays, lésbicos, bisexuales o transgénero.
  • Octavia Butler (1947-2006): Ganó los premios Hugo y Nébula. En 1995 se convirtió en la primera escritora de ciencia ficción en recibir el título "Genius" de la Fundación MacArthur. En español se han publicado su relato "Hijo de la sangre" (“Bloodchild”), la trilogía de Xenogénesis: Amanecer, Ritos de madurez e Imago, y dos novelas La Parábola del Sembrador y La Parábola de los Talentos.

(He roto el orden cronológico por razones dramáticas, ya que no hay lista de autoras –o autores– de CF en la que se pueda excluir a Ursula K. Le Guin, la señora del Ecumene.)

Úrsula Kroeber Le Guin (Berkeley, California, 1929) pertenece al escaso número de escritores del fantástico –fantasía y ciencia-ficción– que han obtenido la consideración de la crítica literaria fuera del género. Ello se debe a un rico estilo narrativo y, sobre todo, al uso que hace de la CF como herramienta especulativa de alto nivel. Una de sus definiciones de CF es un excelente tapaboca a quienes acusan al género de vacuo y/o escapista: "Toda ficción es metafórica. Lo que diferencia a la CF de las otras viejas formas de ficción es el uso de nuevas metáforas."
Fiel a este principio, Le Guin utiliza sus numerosos cuentos y novelas de CFFem como vehículo de exploración en inquietantes preguntas de los terrenos social y humano. Los conflictos que sostienen Planeta de exilio (1966), Ciudad de las ilusiones (1967), El nombre del mundo es bosque (1972) o Los desposeídos (1974) son claras trasposiciones de diversos problemas latentes en nuestra sociedad a mundos imaginarios, suerte de laboratorios sociales donde se desarrollan y nos aterrorizan los fantasmas de lo que el ser humano es capaz de hacer.

Sin dudas, esa es una de las claves para el éxito de su saga de novelas del Ecumen. Estos relatos se detienen, de modo especial, en las “distorsiones” sociales de la diversa proporción demográfica entre los géneros y las relaciones de poder que cada sociedad establece. El punto culminante de estas especulaciones ocurre, para mi, en La mano izquierda de la oscuridad (1969), donde ya no se trata de la explotación del hombre por la mujer o la separación de hombres y mujeres, sino de la importancia que en nuestra sociedad ha tenido— y tiene— la división hombre/mujer y el instinto sexual.

En el helado planeta Geden, prospera una raza humanoide muy particular: los individuos son asexuados, excepto durante un par de días al mes, cuando se definen sexualmente como femenino o masculino, para permitir la reproducción. A partir de las observaciones del enviado Genly Ai se establece una novela de delicado equilibrio entre la antropología apócrifa y las aventuras, un llamado de atención acerca de la importancia de los roles sexuales en la Tierra, y lo que esto supone en la construcción de la civilización misma, tal como la conocemos.

Conclusiones que obligan a seguir pensando

Leer con cuidado cualquier libro de especulación científica implica sumergirnos en miradas personales al futuro de la especie humana. De este modo, la CF —la que aspire a ser buena— tiene un compromiso ineludible con la emancipación, en tanto señala los defectos y bondades de la sociedad que analiza. Ya sea el poder desbordado de las corporaciones a la casa de armas biológicas —Alien, el octavo pasajero—, las relaciones de dependencia política y económica que implica el subdesarrollo tecnológico —Las cavernas de acero—, el sentido de la vida si la tecnología lo resuelve todo —Playa de acero—, la CF tiene un compromiso ineludible con la emancipación porque al adelantarse señala, advierte, alerta.

En el campo de la superación del sexismo y la heteronormalidad, la CF estuvo vergonzosamente limitada hasta que el ejemplo de las fabulaciones de James Tiptree Jr., Joanna Russ, Octavia Butler o Ursula Le Guin pusieron en evidencia que la basta mayoría de esos mundos del futuro eran para hombres blancos y heterosexuales —bueno, heterosexuales lo dudo, porque sin mujeres…¡ejem! Eran mundos donde la discriminación se había resuelto por exclusión y donde no cuestionarla equivalía a refrendarla. Por tanto, la reflexión sobre lo desconocido era falaz, sesgada, pero quienes escribían, editaban y leían, estaban de tal modo inmersos en la lógica discriminadora, que era necesaria la irrupción del extrañamiento para denunciar lo poco coherentes que eran esos relatos.

Lo que en este ensayo llamo CFFem encarnó en códigos narrativos a la Segunda Ola del Feminismo. Un sistema de pensamiento que se renueva desde las ciencias sociales y el activismo político, para desmontar las relaciones entre hombres y mujeres. Sin carecer de contradicciones internas, las reflexiones del feminismo argumentan la imperiosa necesidad de dinamitar la conservadora cultura hegemónica de la sociedad occidental, a partir de la sexta década del siglo XX. Los nuevos temas fueron introducidos, entonces, por personas con profunda conciencia de su género y sexualidad, sus fábulas plantearon nuevas preguntas desde lo fantástico sin temor al escándalo, porque se apuntaba más alto y más lejos que a las revistas pulp. En 1975 Úrsula K. Le Guin exponía el salto temático y de enfoque de esta manera:
"El problema que aquí se discute es la cuestión del otro, el ser que es distinto de uno mismo. Ese ser puede diferir de uno mismo en el sexo, en sus ingresos anuales, en su modo de hablar, de vestirse y actuar, en el color de su piel o en el número de piernas y cabezas que posea. En otras palabras, existe el extraño sexual, así como el extraño social, el extraño cultural y, finalmente, el extraño racial.” 
Mirando el compartimiento de mi librero dedicado a la CF cubana, tengo que preguntarme entonces: ¿Cómo es que la CF de esta isla permaneció ajena a los cambios de roles sexuales si nacía con una Revolución que hizo realidad la agenda básica soñada del feminismo latinoamericano?

La respuesta es historiográfica, por supuesto. Y así mi venganza tiene continuidad.

La Habana, mayo de 2010

Bibliografía

Enríquez Piñeiro, Anabel, 2005, “Mujeres y Literatura Fantástica: los caminos de(l) género” en Cubaliteraria, La Habana, 12 de noviembre. Disponible en http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=11220&idseccion=25&skin=2.

González Pagés, Julio César, 2006, “Feminismo y masculinidad ¿mujeres contra hombres?” en  I Jornada Cubana de Estudio de las Masculinidades. Memorias, Editorial CENESEX, La Habana.

Lara, Rafael, 2005, “Mujer, feminismo y ciencia-ficción” en Página Abierta, No. 162,  septiembre. Disponible en http://www.pensamientocritico.org/raflar0905.htm.

Robles, Lola, 2000, “Mujeres y ciencia ficción”, en Mujer Palabra.

Román, 2005, Universo de la ciencia ficción cubana, Ediciones Extramuros, La Habana.

Suárez Briones, Beatriz, 1997, “Feminismos: qué son y para qué sirven”  en La Página, No. 29, vol. IX, España.

Y muchas páginas de la Wikipedia en español e inglés

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