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Vivir en Cuba y ser Queer ha sido elección. Mi vida es un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico.

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sábado, 13 de diciembre de 2008

A propósito de los unicornios. Teoría queer en las calles de Quito

Para David Reimer, in memoriam

Ponencia presentada en el Foro debate "Desbordes: re-pensando los binarios hombre/mujer - masculino/femenino", organizado por los programas de Estudios de Género y de Antropología de FLACSO-Ecuador y el Grupo Juego de Puñales

"En la Edad Media [el unicornio] estaba considerado como un animal maravilloso capaz de derrotar a un elefante. Además, se decía que con su único cuerno se podían purificar las aguas contaminadas para volverlas potables." Jung, Carl Gustav, 2005, “Apartado B: El motivo del unicornio como paradigma” en Psicología y Alquimia Vol. 12, Madrid, Editorial Trotta.

"Mi unicornio y yo
hicimos amistad,

un poco con amor,

un poco con verdad."

Silvio Rodríguez, 1982

Comencemos con una declaración de principios: Desbordes fue una buena experiencia, y la idea de un foro debate es tentadora. Lo veo como regresar sobre lo que María Amelia Viteri nos llevó a hacer, lo que en mi caso transformó una práctica cotidiana de vida en procesos mentales más o menos coherentes. Pero queer al fin, no me puedo permitir una ponencia lineal y heteronormativa (¿?). Vayamos por preguntas, aunque no siempre encontraremos las respuestas.

1) ¿Podemos ser queer un día si y otro no?

Esto es lo que supongo el centro del asunto: ¿podemos por unas horas ser queers porque nos maquillamos, vestimos y bailamos de manera no recomendable?

“Si la teoría queer es una escuela de pensamiento, su visión de lo que constituye una disciplina no es en absoluto ortodoxa”, afirma Tamsin Spargo al inicio de Focault y la teoría queer. Por supuesto, el que una Teoría que se niega a ser encasillada como tal tenga que ser narrada como todas las otras teorías que en el mundo son –de dónde, por qué, cómo, a dónde– podría ser interpretado como un atributo más de la naturaleza de ruptura de lo queer, lo que en sentido inverso. Yo prefiero entenderlo como manifestación de la crisis metodológica de los mecanismos expresivos de las ciencias sociales frente a los estudios del deseo. Me pregunto, entonces, ¿puede sobrevivir lo queer siendo fiel a sí mismo en medio de esta crisis que su propio aparato expresivo no puede resolver, que le (me, nos) supera?

Sin embargo, de la manera en que se entiende la cosa a nivel de “sentido común”, para ser reconocid@ como igual debes ser respetable, algo incompatible con el carácter sistemáticamente transgresor a que aspira la Teoría Queer. Hay que cambiar las reglas de acceso al campo político.

Pero no he resuelto nuestra legitimidad queer en la rueda de casino. Creo que Desbordes es legítimo, si lo queer es reafirmación última de la naturaleza performativa de la personalidad. Lo cuestionable es si alguien puede ser sistemáticamente queer o dejar de ser queer en algún momento –la misma Butler lo duda–, en tanto existir dentro de esta cultura me inhabilita para percibir los puntos ciegos a partir de los cuales se asientan mi lenguaje, mi sentido del mundo y del sexo –mi propia naturaleza performativa.

“Cuerpos, Placeres, Deseos” fue una intervención política articulada en un performance musical para, partiendo del espacio heteronormativo y binario de la rueda de casino, cuestionar la exclusión de las personas no heteronormadas de los espacios públicos de socialización (productivos, reproductivos, o de esparcimiento). El travestismo y la movilidad de identidades en los roles de la rueda son, entonces, una metáfora de la sociedad inclusiva que proponemos.

Se trata al cabo de que el género existe y persiste, es una personal batalla cotidiana.


2) ¿Quién define a los aptos para la ciudadanía?


He dicho “los espacios públicos de socialización”, o sea, los espacios donde se construye y reconoce la ciudadanía en tanto atributo de la sociedad a l@s individuos que la integran, si cumplen con las normas que presuponen el sistema económico capitalista patriarcal occidental en el que esas estructuras y discursos se generan. Desbordes es entonces una pregunta sobre la condición ciudadana desde lo queer: una apuesta por la ciudadanía subjetiva y la igualdad diversa, dos procesos que en tanto emancipadores, no convienen a l@s poderos@s.

3) ¿Quién construye la memoria?

Pero ellos tienen el poder para ignorarnos y, de facto, borrar nuestra pregunta sobre lo ciudadano. Nos queda la memoria de los cuerpos: Si el cuerpo es el último espacio de intimidad y al mismo tiempo el primero de lo público, entonces vive permanentemente escindido entre el voyerismo y la opacidad. Creo que esta es otra manera –la 1001– de resumir la Teoría Queer, de explicar las tensiones que anudan en cada sujeto, porque el sujeto reside en el cuerpo y lo pone en uso para ocupar su espacio –por la fuerza o la razón. Elizabeth Jelin habla en “Exclusión, memorias y luchas políticas” (2001) de las personas autorizadas para compartir la memoria, en la dificultad de definirles. Sin embargo, la tensión, la pregunta sobre quiénes pueden hablar del dolor, dónde y para qué, es la única que queda en mi cada vez que leo a Jelin.

Recuperar el derecho sobre nuestro cuerpo para algo más que protegerlo, para poder tener placer, implica también inscripciones en la memoria colectiva. Tanto quienes temen la sexualidad desbocada y violenta, como quienes tratan de normalizar su humanidad o su derecho al placer, entablan una batalla de significantes –en los espacios jurídicos, sociales, urbanos– entre sus percepciones sobre el dolor y la pertenencia y la norma social de lo permisible para quienes pertenecen al cuerpo social –obviemos por un momento con cuáles violencias se establece tal norma.

4) ¿Quién dice lo que es el género?

Me parece que Carlos Marx y Judith Butler darían una respuesta similar a esta pregunta: la clase dominante, que necesita enajenarnos todo. Perdónenme el que chapotee en campos que no son los míos: Entramos en el asunto de la Ley y la posibilidad de librarnos de la Ley Positiva, no de la Ley del Padre.

La Ley del Padre nos hace humanos, en tanto da razón y guía a nuestras vidas –Borges diría que nos hace mortales mencionando espejos y algún filósofo– no podemos saltar sobre ella sin renunciar a los que pretendemos ser –human@s– y pasar a algún otro estado desconocido e inconmensurable. La Ley Positiva puede ser cambiada, vivimos una constante renegociación de su poder y sentido a nivel individual y grupal, se lucha –entre clases y grupos– por imponer sus facetas más beneficiosas a nuestro bando. Tras años de batalla feminista, se empieza a admitir que el género no es solo asunto de mujeres. Tal vez la próxima batalla sea que tod@s comprendamos que el género no fue levantado sobre cierta diferencia biológica, sino sobre otra construcción social: la de que hay dos sexos, y nada más.

Pero estamos hablando de lo queer, o de los sueños queer de personas que quieren confrontar “sentidos comunes”. Si la naturaleza del género es interpretativa, debe haber un público.


5) ¿Para quién interpreto mi género?

¿El Estado, los padres, la Iglesia, TeleAmazonas? ¿Qué nos darán a cambio de nuestra insolencia?

Lo que el recuerdo –¿el trauma?– de miles de episodios de violencia sexual despierta en mí, es el sentido externo que adquiere el género. No solo porque no es impuesto, también porque nuestra “calidad humana” depende de cómo «ellos» nos lean. Aun cuando nos reconozcamos externos a la norma estamos reconociendo su valor normativo, su poder. De todos modos, de lo que se trata es de los mecanismos legales que se apoyan en –o expresan por– la socialización normativa del género, de la naturaleza del género externo a mi, internalizado por mi y representado por mi ante aquellos que me lo injertaron, como si de una prueba de humanidad se tratara.

Si interpretamos para «ellos», nos asociamos al Otro.

6) ¿Para qué quieren ese Otro?

Se puede discutir la otredad sexo-performativa, tanto de las identidades como de los espacios que cada grupo ocupa en los sitios físicos de lo social. La otredad (moral, sexual, racial) es entonces para justificar divisiones, ejercicios de representación que, al negar la autonomía de las identidades no-heteronormativas, las degradan.

La primera operación es negar la autonomía. Consiste en definir las otras identidades no por sus especificidades, sino por la ausencia o deformación de partes de la auto-representación heteronormada. La segunda operación es la degradación. Con ella se atribuye a las personas no heteronormativas valores negativos que “ocupan” el espacio de las “virtudes” que son incapaces de desarrollar por su traición implícita a la sociedad. Esta segunda operación depende de la primera y del control de los espacios de producción de discursos dentro de la sociedad por la clase dominante.

Se construyen fronteras que pautan las relaciones entre los “Normales” y los “Otros”. La construcción del Otro no es solo, entonces, un ejercicio de poder y discriminación, sino una necesidad para los Normales, cuya identidad se opone a la del Otro, cuya frontera se encarna en el Otro.


7) ¿Qué hacer siendo Otro?

¡Disfrutarlo! Asumir la tesitura de la teatralidad y la carnavalización de lo prohibido, la singular existencia en los márgenes que la misma sociedad pauta para lo queer, entendido aquí como actitud cotidiana de interpretación socio-sexual descentrada. Naturalmente, mis reflexiones tienden a Bajtin.

En su teoría de la carnavalización de la fiesta medieval, Bajtin apunta la idea de que estos espacios de libertad creadora, expresiva, sexual y representacional respondían a una lógica de compensación sicosocial desde el poder. En sociedades extremadamente represivas, como la occidental-cristiana, los espacios de carnaval son válvulas de escape, oportunidades para invertir el orden a través del simulacro y desestimular las búsquedas de subversión permanentes. Regresemos al siglo XXI: En la vida cotidiana el travestismo puede ser juego, ejercicio teatral o modo de vida, en todo caso se adscribe a lo queer y, sin dudas, desestabiliza una realidad represiva y obsesionada con lo binario y lineal.

Mientras se ríen y se mueren –o son asesinadas– las personas del movimiento trans e intersex han comprendido que los desarrollos tecnológicos no son nada si no se problematizan sus usos e implicaciones éticas. No importa cuán sofisticadas sean las cirugías de reasignación de sexo, no contribuirán a la emancipación mientras no se naturalice la existencia de más opciones genitales que la femenina y masculina y la relación no lineal entre genitales, cromosomas e identidades.

El dualismo sexual es, por su propia naturaleza, exclusivo. En tanto construcción cultural asociada a la idea de la sexualidad reproductiva, el binomio macho-hembra niega las opciones intermedias y las relaciones no lineales, niega la realidad en el proceso de construcción de una verdad socialmente aceptada y científicamente refrendada.


8) ¿Somos queer solo por un día?

Pasando la línea, ¿qué estrategias desarrollamos para cruzar, para llegar a ser otros? Al menos al principio, el cuerpo debe mutar hasta el dolor para que su otredad no se traduzca en precariedad, para no devenir “excluido” donde quiera que vaya.

La frontera es imprecisa en su existencia material, pero ser capaz de reconocerla es atributo también de los que pertenecen al interior de su dominio. La frontera es de ellos y pueden usarla en tu contra. Te doblas, te estiras, te tuerces, cambias la voz, los gestos, los acentos, la dieta, la ropa, la escritura: buscas pasar por uno de ellos, los poderosos que viven al otro lado de la frontera, al otro lado del desierto de cosas y sentidos que es la identidad.

De nuevo estamos en la postmoderna situación de que el existe y persiste, es una personal batalla cotidiana por la identidad, o en la moderna situación de reconocer nuestros lazos y luchar por un mundo mejor.

Dije antes que la práctica se hizo palabra. Me explico: Yo ya había sido tomado por hombre, en las calles de La Habana, bajo la penumbra de la madrugada. También había sido visto como hombre, entre hombres –heteros y gays– tan machistas que no imaginaban a una mujer respetable. En todos los casos, la discriminación era palpable y presupuesta.

En La Habana luché por ser respetada (o) en tanto persona. En Quito luche por tener palabras de respeto para las/los/les que dejara atrás.

Creo que cada descubrimiento de palabras y acciones es una victoria. Pero, el tiempo de las luchas no es siempre el tiempo de las personas. Y cuando se alcanza la primera victoria sube a la garganta la amargura por tod@s quienes no pudieron ver la primera piedra del edificio de la nueva memoria inclusiva, promesa de una ciudadanía inclusiva. Por eso, pido que me perdonen tod@s l@s muert@s de mi felicidad.

Bibliografía pertinente
  • Bravomalo, Patricio (2002) HOMO Sexualidades: Plumas, Maricones y Tortilleras en el Ecuador del Siglo XVI, Quito, Fundación de Desarrollo Humano Integral CAUSANA.
  • Butler, Judith (2006) Deshacer el Género, Barcelona, Paidós Ibérica.
  • Camacho, Margarita (2007) Cuerpos Encerrados, Cuerpos Emancipados, Quito, Abya-Yala.
  • Epps, Brad, Keja Valens y Bill G. Johnson (eds), Passing Lines: Sexuality and Immigration, Cambridge, Harvard University Press.
  • Jelin, Elizabeth, 2001, “Exclusión, memorias y luchas políticas” en Daniel Mato (ed.), Estudios latinoamericanos sobre cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización, Buenos Aires, CLACSO y Agencia Sueca de Desarrollo Internacional, pp. 91-107.
  • Ochoa, Marcia (2004) “Ciudadanía Perversa: Divas, Marginación y Participación en la Localización” en Daniel Mato (ed.), Políticas de Ciudadanía y Sociedad Civil en tiempo de Globalización, Caracas, FACES, Universidad Central de Venezuela, pp. 239-256.
  • Salgado, Judith, 2008, La reapropiación del cuerpo: Derechos sexuales y reproductivos en el Ecuador, Quito, Abya-Yala.
  • Spargo, Tamsin (2004) Focault y la teoría queer, Barcelona, Editorial Gedisa, pp. 15-56.
  • Vidal Ortiz, Salvador (2002) “Queering Sexuality and Doing Gender: Transgender Men’s Identification with Gender and Sexuality” en Patricia Gagne y Richard Twksbury (eds.), Gendered Sexualities (Advances in Gender Research), Vol. 6, New York, Elsevier Science Press, pp. 181-233.
Viernes, 12 de diciembre de 2008, 18h00 horas, Sala de Conferencias No. 3, FLACSO-Ecuador.

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