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Vivir en Cuba y ser Queer ha sido elección. Mi vida es un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico.

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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Por Esto me pregunta

Por Félix Sautié Mederos
 
Conocí a Yasmín S. Portales durante mi participación en las actividades y trajines del Observatorio Crítico y pude apreciar que es una mujer culta, liberada y apasionada por sus ideas, que no escatima esfuerzos para luchar por un orden social más justo para todos, que nos permita edificar un mundo mejor posible. Su feminismo marxista y su activismo político social los realiza sin estridencias y con una naturalidad verdaderamente admirable. Eso lo considero muy efectivo y por tanto importante. Sus concepciones ácratas están caracterizadas por lo que pudiera denominarse como un orden de prioridades en el que no descuida la atención de su pequeño hijo, fruto de su relación con Rogelio Díaz Moreno, quien también es un destacado activista del Observatorio Crítico a quien entrevisté hace algún tiempo en esta serie de Por Esto! Pregunta (1) y, por lo tanto, ambos forman una equilibrada pareja que vive y lucha por un mundo mejor desde las posiciones anticapitalistas dentro de lo que pudiera definirse como la Nueva Izquierda que surge y desarrolla en la Cuba de hoy. Les presento, pues, a los lectores de "Por Esto! Pregunta" en el Semanario Unicornio a Yasmín S. Portales, quien define su vida como un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico:
 
Yasmín y Félix Sautié (2014)
 
…Soy graduada de Teatrología por el Instituto Superior de Arte (la Universidad de las Artes de Cuba). Allí comenzó mi camino de intelectual orgánica y activista política, en septiembre de 1997… En el otoño de 2001, dejé la universidad y me fui a trabajar a Cubaliteraria, el portal del Instituto Cubano del Libro… Durante ese tiempo también fui colaboradora de la Web del Centro Nacional de Educación Sexual…En 2007, me fui a hacer una maestría en la sede quiteña de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO Ecuador). Fue un año y medio de inmersión en un ambiente multicultural, mientras en las calles rugía la Revolución Ciudadana de Rafael Correa… Habitualmente firmo como "marxista, feminista y bloguera, ya no recuerdo cuándo abracé la triada… Mi vida es un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico... alterno el orden entre feminismo y marxismo. No lo hice a propósito entonces, pero el hecho es que van juntos, sin jerarquías… la experiencia demostró que uno de los (muchos) fallos del "Socialismo Realmente Existente" fue dejar intactas las estructuras jerárquicas familiares del régimen burgués, uno de los espacios más eficaces de reproducción de la ideología de la sociedad de clases… En el espacio académico, soy coordinadora en Cuba del Grupo de Trabajo "Anticapitalismos y Sociabilidades Emergentes" del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y fundadora de la Red de Humanistas Digitales de Cuba. En política me dedico fundamentalmente a los derechos LGBTI. Soy coordinadora del Proyecto Arcoíris, un grupo de activistas de distintas formaciones y ubicaciones geográficas que nos proponemos politizar la lucha por los derechos de nuestra comunidad desde la sociedad civil, en diálogo respetuoso y autónomo frente al Estado… Tengo un hijo, Rogelio Jorge, y un esposo, Rogelio Manuel. Vivimos en uno de esos núcleos familiares de Cuba con varias generaciones bajo el mismo techo… El Proyecto Arcoíris nació en septiembre de 2011… Nos consideramos parte de la Izquierda, porque buscamos soluciones a través del fortalecimiento de la participación ciudadana y la justicia social… Claro que hay discriminación en Cuba, cualquiera con ojo interesado puede verlo.
 
Félix Sautié: Tú eres una mujer con un alto nivel cultural, político y humano; y para la información de los lectores de Por Esto!, ¿podrías relatarnos a manera de auto presentación más allá de cualquier sentimiento narcisista, pero también anti esquemático, que son aspectos esenciales que sé concuerdan con tu personalidad de mujer verdaderamente revolucionaria y de su tiempo, los elementos básicos de tu currículo humano y profesional?
 
Yasmín S. Portales: Soy graduada de Teatrología por el Instituto Superior de Arte (la Universidad de las Artes de Cuba). Allí comenzó mi camino de intelectual orgánica y activista política, en septiembre de 1997. A fines del siglo XX, se terminaba de recuperar el legado de Virgilio Piñera en la escena nacional, lo que implicó un constante debate sobre las políticas culturales de la Revolución Cubana.
 
En el otoño de 2001, dejé la universidad y me fui a trabajar a Cubaliteraria, el portal del Instituto Cubano del Libro. Como equipo pionero en la promoción de la literatura cubana "hecha en Cuba" en la web, no teníamos más restricciones que la tecnología. Aprendí mucho allí sobre el valor de la información y la transparencia y vi, en primera fila, la transformación de la web 1.0 –donde las webs publicaban información que sus usuarios debían consumir– a la 2.0 –interactiva y con el público como generador de contenido.
 
Pasé el Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria "Onelio Jorge Cardoso".
 
En 2005 me fui como promotora a la editorial Nuevo Milenio, que agrupa los conocidos sellos cubanos "Ciencias Sociales" y "Científico Técnica". Pasé de discutir las bases teóricas de la política cultural cubana a luchar con ella en uno de los espacios donde se concreta: la selección, edición y promoción de libros de contenido ideológico explícito.
 
Durante ese tiempo también fui colaboradora de la web del Centro Nacional de Educación Sexual.
 
Fue una década tremenda. No podía calibrarlo en ese momento, pero acompañaban mi formación excelentes intelectuales, gente que estaba rescribiendo la historia del pensamiento cubano, como Norge Espinosa, Víctor Fowler, Vivian Martínez Tabares,  Eberto García Abreu, Eduardo Heras León, Julio César Guanche, Túpac Pinilla, Julio César González Pagés, Alberto Garrandés, Reynaldo González, Rufo Caballero. Algunos se convirtieron en amigos y compañeros de lucha.
 
En 2007, me fui a hacer una maestría en la sede quiteña de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO Ecuador). Fue un año y medio de inmersión en un ambiente multicultural, mientras en las calles rugía la Revolución Ciudadana de Rafael Correa. De nuevo fui espectadora privilegiada del proceso constitucional de Ecuador en 2008. No tengo el título de master, pues un embarazo inesperado me obligó a regresar a Cuba antes de tiempo y luego a dejar las investigaciones de la tesis, pero el conocimiento es mío ahora. Con eso basta.
 
De regreso a Cuba me incorporé de nuevo a labores de promoción con Nuevo Milenio, hasta que, en 2013, decidí volar por mi cuenta.
 
Yasmín en el Pichincha (Ecuador, 2008)
 
En tus escritos publicados e intervenciones públicas que han llegado a mi conocimiento, demuestras que posees una formación humanística muy intensa; y que además la pones en práctica con una especial concordancia de la palabra con los hechos, que lamentablemente no es muy común en la actualidad que nos ha tocado vivir. En este sentido sería muy interesante que nos expusieras brevemente en síntesis lo esencial de tus convicciones ideológicas y políticas para conocimiento de los lectores de Por Esto! Además quisiera saber: ¿Qué haces en concreto, cuál es tu actividad cotidiana tanto en lo profesional como mujer comprometida con tu tiempo? ¿Cómo te definirías a ti misma? ¿Tienes hijos y familia constituida, cuál es tu concepto al respecto?. Te hago estas preguntas porque con mis entrevistas en Por Esto! me propongo presentar a la Nueva Izquierda Cubana, de la cual considero que eres una importante exponente; y considero también muy importante que nos expusieras brevemente en síntesis lo esencial de tus convicciones ideológicas y políticas
 
Habitualmente firmo como "marxista, feminista y bloguera", ya no recuerdo cuándo abracé la triada. En mi blog y en Twitter agrego: Vivir en Cuba y ser Queer ha sido mi elección. Mi vida es un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico.
 
Fíjate que alterno el orden entre feminismo y marxismo. No lo hice a propósito entonces, pero el hecho es que van juntos, sin jerarquías. Se sabe ya que no puede haber verdadera emancipación del patriarcado sin redistribución de la riqueza y, para hacer irreversible la libertad, sin cambio en las estructuras socio-económicas, que hoy están diseñadas para distribuir desigualmente. Al mismo tiempo, la experiencia demostró que uno de los (muchos) fallos del "Socialismo Realmente Existente" fue dejar intactas las estructuras jerárquicas familiares del régimen burgués, uno de los espacios más eficaces de reproducción la ideología de la sociedad de clases. La gente no será nunca libre si desde pequeña aprende que los hombres y mujeres no son iguales, que es justo que unos tengan más derechos que otras por sus genitales.
 
Lo de bloguera comenzó como un juego, pero se ha vuelto praxis habitual. Técnicamente, la blogosfera es una oportunidad de democratizar el ejercicio de opinión pública. Los blogs son potencialmente visibles en cualquier sitio con conexión y se gestionan de modo autónomo, saltan el control de los conglomerados mediáticos, que definen los temas, los enfoques, el sentido de los hechos en función de su agenda ideológica. No es que los blogs carezcan de ideología, sino –precisamente- que quienes los hacen no pretenden ser neutrales y desinteresados. Para mí, el blog es un espacio de opinión irreductible, ejercicio de libertad de expresión y oportunidad para la confrontación democrática. Muchas personas temen a los blogs y las redes sociales, a los espacios de debate libre, en general. Hasta donde sé, pueden agruparse en dos tipos: gente con poder que se defiende –eso es comprensible- y gente que no se imagina otra vida que esta de desigualdad y violencia, muerta de miedo ante el cambio, aunque la situación en que viven no sea privilegiada –eso es triste.
 
¿Qué haces en concreto, cuál es tu actividad cotidiana tanto en lo profesional como mujer comprometida con tu tiempo?
 
Para ganarme el pan me dedico a la escritura. Escribo columnas de opinión para Havana Times, crítica literaria y periodismo cultural para Cubaliteraria. En el espacio académico, soy coordinadora en Cuba del Grupo de Trabajo "Anticapitalismos y Sociabilidades Emergentes" del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y fundadora de la Red de Humanistas Digitales de Cuba. Mi tema de investigación central es la blogosfera "Hecha en Cuba" y su uso para el desarrollo de comunidades ajenas al control estatal.
 
En política me dedico fundamentalmente a los derechos LGBTI. Soy coordinadora del Proyecto Arcoíris, un grupo de activistas de distintas formaciones y ubicaciones geográficas que nos proponemos politizar la lucha por los derechos de nuestra comunidad desde la sociedad civil, en diálogo respetuoso y autónomo frente al Estado. También participo en grupos de lucha antirracista (ARAAC Cuba), de mujeres (Mirar desde la sospecha, Afrocubanas) y anticapitalistas (Observatorio Crítico de Cuba).
 
Por último, soy escritora de ficción. He publicado un par de cuentos en antologías auto-gestionadas a través de plataformas de impresión bajo demanda y ahora trabajo en una noveleta que habla –por supuesto- de lo imposible de establecer un orden antropomórfico y eterno en el mundo.
 
Soy Marxista –creo en la transformación social, la lucha de clases, la base material en las motivaciones de la gente y el terrible poder del fetichismo de la mercancía–, soy feminista –creo que el patriarcado oprime a las mujeres y mutila a los hombres, pero es posible destruir el machismo–, soy negra –sé que en Cuba hay racismo y quiero que se acabe–, soy pastafari –me gustan los espaguetis, apoyo la libertad de información y la Internet libre, estoy contra el Creacionismo, la seudo-ciencia, la intervención de la Iglesia en la política como actor privilegiado–, soy bisexual –odio la heterosexualidad compulsiva y lucho contra la sexualidad binaria–, me gustan el chocolate, el color azul, la ciencia ficción y la fantasía épica.
 
Tengo un hijo, Rogelio Jorge, y un esposo, Rogelio Manuel. Vivimos en uno de esos núcleos familiares de Cuba con varias generaciones bajo el mismo techo: con los padres de él y mi madre. Armar y mantener una familia igualitaria en Cuba es de lo más complicado, pues a las presiones sociales sobre los roles de género –comunes a toda la cultura Occidental– se suma la dificultad de disponer de un espacio doméstico propio. Para mí es frustrante, por ejemplo, que los debates sobre sexismo u homofobia que enfrento en foros públicos aparezcan de nuevo en la casa. ¡La casa es para descansar! ¿No?
 
Yasmín con Rogelio Jorge (2014)
 
Ambos coincidimos con nuestra participación en el Observatorio Crítico, ¿podría relatarles a los lectores de Por Esto! desde tus perspectivas muy personales, cómo fue que llegaste al Observatorio Crítico y los aspectos básicos de su historia como entidad de la Nueva Izquierda Cubana, en algunos de los cuales eres una de sus activistas más destacadas, en mi criterio? Otros activistas destacados del OC, como Dmitri Prieto, Isbel Díaz y Rogelio M. Díaz Moreno, quien es tu compañero en la vida, han explicado en este espacio sus versiones y vivencias al respecto de la historia del OC, pero en mi opinión es importante obtener todas las versiones y criterios, porque además un propósito esencial de estas entrevistas es dar a conocer al Observatorio Crítico, sus conceptos y sus actividades
 
La verdad es que ya no recuerdo cómo llegué al OC, Félix. Conocía a varios de sus integrantes de diversos foros o instituciones; a Mario Castillo en la Universidad de las Artes, a Dmitri Prieto a través de Julio César Guanche, a Tato Quiñones de la UNEAC, creo que el último con el que me empaté fue Isbel Díaz Torres, aunque debemos haber coincidido varias veces en afanes antihomofóbicos.
 
Desde que regresé a Cuba hasta que nació mi hijo –entre marzo y julio de 2009– desplegué mucha energía para ponerme al día con el pensamiento político tras más de un año de ausencia. Así que participé en varias sesiones del Taller Mirar la Revolución a 50 años de su triunfo, en el Centro Juan Marinello. Parte importante del equipo organizador eran integrantes o tenían lazos con el OC, creo que ahí fue cuando conocí al grupo. Pero la maternidad puso todo eso es pausa.
 
Mi primera acción "oficial" con el OC fue el V FORO SOCIAL del OBSERVATORIO CRÍTICO, en marzo de 2011. Se trataba de una mesa sobre el uso de Internet para combatir las discriminaciones asociadas al género y la clase social. La experiencia de la organización horizontal, a través del consenso, sin separaciones entre trabajo "intelectual" y "manual" –ahí están las fotos de Gisela Morales y Dmitri Prieto pelando papas, mientras se discutían los principios marxistas de la política económica–, fue reveladora para mí. Sí se puede hacer política autónoma en Cuba, comprendí. Sólo hay que tener suficiente imaginación para romper con el canon del partido, la centralidad del Estado y la imposibilidad de comunicarse por fuera de los medios de comunicación masiva; sólo hay que tener la resistencia y la transparencia suficientes para que la Seguridad y la CIA no te cojan de juguete.
 
También he conocido de tus empeños y luchas a favor de la diversidad en la sociedad y en contra del machismo y la homofobia tan extendidos en nuestros ámbitos sociales; ¿cómo se coordinan estos propósitos y esfuerzos con las ideas libertarias, democráticas y socialistas de lo que se ha dado en dominar la Nueva Izquierda Cubana? ¿Qué puedes decirnos al respecto en concreto?
 
El Proyecto Arcoíris nació en septiembre de 2011, pero no se puso en marcha, en verdad, hasta el primer semestre de 2012. Nos autodefinimos como "grupo anticapitalista e independiente [del Estado]", porque no creemos que las discriminaciones puedan ser completamente superadas sin un cambio radical en las relaciones económicas de la sociedad, y porque nos proponemos normalizar la lucha por los derechos LGBTI desde la sociedad civil, en diálogo respetuoso y autónomo frente al Estado.
 
Nos consideramos parte de la Izquierda porque buscamos soluciones a través del fortalecimiento de la participación ciudadana y la justicia social, así como el desarrollo de un marco legal que garantice la transparencia y responsabilidad estatal. Arcoíris no promueve "estilos de vida" para gays y lesbianas de clase media y alta, sino que busca informar sobre las luchas contra la homofobia y la transfobia alrededor del mundo, exige el acceso a la comunidad LGBTI a todos los derechos ciudadanos –especialmente para afrodescendientes, habitantes de áreas rurales, mujeres, personas trans o portadoras del VIH– y propone espacios de desarrollo para la comunidad LGBT nacional.
 
Otros grupos que empiezan a construirse en la sociedad civil, desde perspectivas democráticas y socialistas, oscilan entre la incomprensión y el apoyo, pero hasta ahora nadie pretendió levantar –en público– las banderas de la homofobia estalinista. La Nueva Izquierda Cubana, en general, es consciente de que el desarrollo social pasa por el reconocimiento de las desigualdades sociales, que se traducen en desigualdades económicas.
 
 
En lo referido al problema de la discriminación racial y por motivo de las ideas y prácticas religiosas, así como de la política de exclusión, autoritarismo y centralización en Cuba, ¿qué podrías explicarnos al respecto? En tu criterio, ¿existen realmente estos problemas y si existen cómo podríamos enfrentarlos para su solución?
 
Claro que hay discriminación en Cuba, cualquiera con ojo interesado puede verlo. Cuba es rama del tronco cultural judeo-cristiano, que hizo de la intolerancia y persecución de la diferencia casi un dogma. Aunque muchas voces, en especial desde el siglo XVIII, pretendieron normalizar el debate y el respeto a las diversas formas de ser y aportar a la sociedad, el pensamiento realmente democrático es relativamente nuevo, y poco compatible con las fobias al "otro", que justificaron el desarrollo colonial y expansión económica de Europa Occidental. De esa matriz hipócrita nació la cultura hegemónica cubana, que es blanca, masculina, urbana, católica, burguesa y necesita desautorizar toda "desviación" del canon para justificarse como grupo conductor de la nación.
 
En 1959, la discriminación por el color de la piel fue prohibida, pero sus causas materiales no fueron desmontadas de raíz y la lógica racista de la cultura permaneció ilesa. A partir de ese momento, además, la situación de plaza sitiada fue usada como justificación para la persecución de diversidad ideológica, razón por la que regresó la Inquisición, pero con el ateísmo estalinista como policía y toda disidencia filosófica o espiritual como objetos de persecución. Es triste pensar en cuánta gente se perdió para el país por tan estéril criterio de fidelidad a la Patria.
 
El siglo XXI trajo muchos cambios en Cuba, entre ellos la disminución de la desconfianza ante las expresiones religiosas, pero todavía la decisión de elegir una filosofía y un modelo espiritual pueden ser obstáculo para ascender en ciertas áreas profesionales. En esos casos, además, se manifiesta el cruce entre intolerancia ideológica y racismo. Generalmente, las manifestaciones religiosas públicas del cristianismo son "respetables" y, en el caso católico, tradiciones que deben ser protegidas. Cuando las celebraciones y espacios de reunión se dedican al culto Yoruba o de Palo Monte, "se la pasan dale que dale a los tambores" y eso molesta al vecindario, o hay mucho entra y sale.
 
Expresión elocuente de ello es la cobertura mediática nacional, que trata con respeto –aunque a menudo con incoherencia– los procesos que afectan a las iglesias católica, anglicana u ortodoxa, incluso a las redes de iglesias protestantes –cuando sus posiciones políticas afectan de algún modo a Cuba. El estilo con que se hace noticia de las tradiciones derivadas de la Diáspora Africana no podría ser más diferente: es folklore –no cultura–, relativo a esos cultos –no religiones– traídos por los esclavos –de los negros–, buena para hacer talleres internacionales –se vende a turistas– o tema obligado de la antropología –que la objetualiza–, ya que es un elemento básico en los cimientos de la cultura nacional –pero nadie llama Madre Patria a África.
 
Para mí, la solución de estos problemas pasa por la creación de una Ley de Medios, una Ley Integral contra la Discriminación, una Ley de Asociaciones y una Ley de Cultos. Todas deben ser diseñadas por los actores sociales que serán respectivamente beneficiados, sometidas a debate popular como anteproyectos, discutidas y aprobadas en el pleno de la Asamblea Nacional –más o menos lo que debió pasar con el Código del Trabajo, pero con transparencia en todo el proceso. La existencia de un marco legal actualizado y coherente es imprescindible para que podamos exigir respeto a las diferencias en todos los espacios, para que los derechos y deberes de las personas sean cognoscibles, para que quienes nos dedicamos al activismo –antirracista, religioso o vegano– tengamos referentes estables a partir de los cuales articular nuestras demandas.
 
Rogelio Manuel y Rogelio Jorge contra la Homofobia (2013)
 
Te pregunto directamente, en tu opinión de joven intelectual cubana, en mi criterio muy destacada, ¿consideras que hay una ruptura generacional en nuestra sociedad?; de haberla ¿cómo la describirías y qué hacer en tu opinión para enfrentarla?, ¿hay jóvenes integrados en estas luchas o es que todos sueñan con irse del país, tal y como plantean algunos?
 
En resumen: ¿Hay una ruptura generacional en nuestra sociedad?
 
Más de una, diría yo. Hay una ruptura generacional entre quienes recuerdan la vida anterior a 1959 y quienes crecieron con la Revolución, para quienes la formación y los patrones laborales derivan directamente del gobierno revolucionario.
 
Luego estamos quienes nacimos entre 1975 y 1985, recordamos la (relativa) abundancia material del periodo, pero ignorábamos sus complejidades políticas, nuestra formación básica tiene sus raíces en el sueño socialista de Europa Oriental y la victoria sobre el Imperialismo, por eso el fin del Campo Socialista fue experimentado como una tragedia material y simbólica –"ahora que los mapas están cambiando de color", diría Carlos Varela.
 
Después está la generación del Periodo Especial (1986-1996). No pienso tanto en la precariedad material como en los referentes con los que se cuenta, pues hubo sectores que prosperaron durante la década del 1990 en Cuba. Este grupo no tiene memoria consciente de la vida antes de la Caída del Muro de Berlín –la sociedad igualitaria, el Estado proveedor, el manto de silencio sobre la migración y la intolerancia religiosa, por ejemplo. En cambio, dan por sentado la pertinencia de "resolver" a través de las muchas maneras que bordean la ilegalidad en la Cuba contemporánea. A partir de 1990, además, para la mayoría "irse" es una vía para resolver presiones económicas, no una elección trascendente entre la Patria y el enemigo.
 
Por último están quienes nacieron en el alba del siglo XXI, cuando nuestra economía se estabilizó lo suficiente como para mantener una clase media que ya no oculta sus ansias consumistas y su sintonía con el "american way of live" –de nuevo. Son adolescentes, para quienes el discurso oficial de patriotismo y paranoia antiamericana es claramente esquizoide, respecto al discurso cultural que defienden los productos audiovisuales que circulan de mano en mano –la red de redes cubana con soporte USB– y hasta los que promueven los medios oficiales a través de la radio y la televisión. ¿La ideología está vacía de sentido para esta generación? No diría que toda la ideología, pero sí la que les enseñan en la escuela.
 
Yasmín en una conferencia contra el Bloqueo USA (2014)
 
Yasmín, quiero agradecerte muy encarecidamente tu franqueza y la claridad de expresión de tus ideas, que considero de especial importancia para ayudar a nuestros lectores a tener una mayor comprensión sobre la diversidad y el contenido esencial que se expresa en lo que hemos dado en llamar Nueva Izquierda Cubana. Esta es una primera entrevista tuya para Por Esto! Aún nos quedaron algunas cuestiones importantes en las que tu opinión adquiere un especial valor y en el futuro deberíamos volver a otra entrevista.
 
Nota: Para más sobre el Observatorio Crítico en "Unicornio" ver número del 4 de mayo 2014: http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=24&idTitulo=323699
 
Tomado de Por Esto!, domingo 28 de diciembre del 2014.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Una nota breve sobre una historia grande

El sábado (19 de diciembre) en la tarde asistí al espectáculo "Cuento de amor en un barrio barroco" de Teatro de las Estaciones, y quedé fascinada.
 
Me narraron un cuento para niños lleno de cubanía, que, sin ser una oda a la religión, hacía referencia a la Virgen Patrona de Cuba y a su hermana Yemayá. El sencillo argumento de la lucha por el amor, revivió con su cruce intercultural entre las deidades del panteón yoruba y los míticos personajes de las "Mil y una noches", enlazados todos a través de las aventuras de un niño valiente, que no teme a la mar, ni a pedir ayuda.
 
 
Con las canciones de William Vivanco y la Orquesta "Miguel Faílde" se producía un halago al buen gusto. Intercaladas con los parlamentos de Rubén Darío Salazar, las canciones de variados ritmos caribeños mantienen en vilo al público infantil, de modo que su atención no se desvía del siempre cambiante escenario visual y sonoro. Es una lástima que en Cuba –por razones que van desde la burocracia hasta la migración¬-, se perdiera mayormente la tradición de teatro musical. Eventos como "Cuento de amor en un barrio barroco" dejan en infantes y adultos el deseo de frecuentar más este tipo de puesta en escena, donde lo hablado no pretende ser "natural", sino que se recupera el drama en verso –abandonado mayormente en el teatro a partir del siglo XIX.
 
Esta estampa caribeña para figuras, actores y grupo musical es protagonizada por William Vivanco, cantautor  dueño de una manera de componer e interpretar tan fresca como  vital, mezclada con ritmos que van del reggae al bossa nova y del blues al rap, su disposición escénica y vocal se apoya en letras poéticas y rebeldes, que reflejan su tiempo, sus raíces, nuestro país, sus gentes y costumbres. Al cantar asume registros variados, que van desde la voz empequeñecida a voluntad a la emisión rajada, y de ahí a los sonidos onomatopéyicos que lo emparentan con la magia de los títeres.
 
El diseño escenográfico, los muñecos, el vestuario y las luces, llenos de creatividad y fantasía, nos reiteran que todavía tenemos el talento de Zenén Calero Medina para una puesta placentera. El personal estilo de este artista plástico es uno de los sellos de Las Estaciones. En este caso, la marca étnica de las figuras, un niño mulato y una sirena negra, reflejan el mestizaje característico de la población de Santiago de Cuba, la ciudad evocada, y compensan que el elenco de actores sea blanco. Realmente me parece una mejor solución que pintar la piel de algún intérprete humano, ese recurso siempre me genera incomodidad.
 
Cuento… es también el tributo teatral con figuras, danza y música a la herencia mestiza de las tradiciones nacionales, exploradas en otros montajes de Las Estaciones, y presentada ahora como una fábula de hadas antillanas. El elenco de Teatro de Las Estaciones, junto a artistas invitados de Danza Espiral, los muy jóvenes y talentosos músicos de la Orquesta Miguel Faílde; Mario David en la gráfica, la asesoría dramatúrgica de Yudd Favier, los diseños de Zenén Calero, que han marcado el estilo de la agrupación durante  dos décadas, Lilita Padrón en el trabajo coreográfico y Rubén Darío Salazar desde el texto y la puesta en escena, acompañan a Vivanco en  9 de sus temas más gustados (Barrio barroco, Pa´que enamore, Azul, El viejo Simón, Olokum, Alí Babá, Pa`iluminarte, Pilón y Palo haitiano), que sostienen la dramaturgia de la obra donde se cuenta la historia de Wilo, un niño que descubre estar perdidamente enamorado de un imposible.
 
El final, apoteosis de carnaval oriental con banda sonora de pilón -ese ritmo de efímera vida pero que todo el mundo recuerda-, rompe el límite entre escena y público hasta entonces respetado, pues el director aparece arrollando entre los asientos. Allí se pone a prueba la fuerza de las convenciones sociales sobre el comportamiento en el teatro: ¿quedarse quieto en el asiento, como gente "bien educada", o salir a gozar? Por suerte, los niños no viven esas disyuntivas.
 
Yo acabé como rumbera, junto a mi hijo y Rubén Darío. Gracias a Wiliam Vivanco, la Orquesta "Miguel Faílde" y los intérpretes de Teatro de las Estaciones por sacarme de mi misma. Dicen que de eso se trata el arte –entre otras cosas.
 
Felicitaciones navideñas y éxitos a Teatro de las Estaciones.
 
Ficha técnica de "Cuento de amor en un barrio barroco"
(Estampa caribeña para figuras, actores y grupo musical en vivo)
 
Producción: William Vivanco - Teatro de Las Estaciones- Orquesta Miguel Failde
 
Estrenada el 27 de septiembre de 2014, en la Sala Pepe Camejo, de Matanzas-
 
Elenco (por orden de aparición):
WILLIAM VIVANCO
Niño Wilo: YERANDY BASART, LUIS TOLEDO O YADIEL DURÁN (Bailarín Danza Contemporánea Espiral)
Pregonera 1 y Yemayá 2: MARÍA LAURA GERMÁN AGUIAR
Pregonera 2 y Yemayá 1: MARÍA ISABEL MEDINA
Pregonera 3 y Yemayá 3: KAREN SOTOLONGO
Pregonero 4, Simón, El viento y Alí Babá 3: IVÁN GARCÍA
Totí, La Tempestad, La Caridad y Niña Karola: MIGDALIA SEGUÍ (Actuación especial)
 
Grupo musical (Orquesta "Miguel Faílde"):
ROLDANY HERNÁNDEZ, piano
JAVIER MOLINA, percusión cubana
JOHAN MEDINA (Estudiante de la ENA), percusión cubana
ETHIEL FERNÁNDEZ, percusión menor
ANDY PEÑA, bajo
MARIO RODRÍGUEZ, saxofón
JULIO ENRIQUE FERNÁNDEZ, trompeta
Pubicado en Havana Times

lunes, 20 de octubre de 2014

En busca de Estraven 3 (resumido)

Este texto es un ejercicio de epistemología feminista en la ciencia ficción cubana: se aplica la “hermenéutica de la sospecha” para llamar la atención sobre las lógicas de la subordinación entre géneros y orientaciones sexuales en el cuerpo textual de la ciencia ficción cubana, poco abordado por la crítica literaria nacional o extranjera.

El análisis cubre catorce textos publicados en Cuba, por siete personas que entraron al campo literario después de la Caída del Muro de Berlín –lo que equivale a estar dentro del Siglo XXI histórico, de acuerdo con Hobsbawm (1998). Los textos fueron escritos entre 1991 y 2012. El análisis no será cronológico, sino temático: La producción de estas siete personas –que considero imprescindibles en la CFC del periodo– es agrupada, de acuerdo al modo en que se alinean con diversos modelos de sexualidad, como patriarcales, feministas y queers.

Los autores y títulos son: Vladimir Hernández Pacín, Hipernova; Elaine Vilar Madruga, Al Límite de Los Olivos, Promesas  de La Tierra Rota y Salomé; Sigrid Victoria Dueñas, Ciudad En Red; Anabel Enríquez Piñeiro, Nada Que Declarar; Erick Mota, Bajo presión y Algunos recuerdos que valen la pena; Michel Encinosa Fu, Niños de neón, Dioses de neón y Veredas; Yoss, Pluma de león, Super-extra-grande y Condonautas.

Sigue leyendo en SEMla-Corresponsalía Cuba: Criterios: A propósito de las sexualidades en la ciencia ficción cubana contemporánea

De cuerpos de guardia, internos y prejuicios

Una amiga me comenta que tuvo a su hija adolescente enferma la semana pasada.

“Tu sabes que vivo a tres cuadras del Pediátrico de San Miguel del Padrón,” me cuenta “pero llevar a la niña casi a rastras esa distancia le zumba. El cuerpo de guardia estaba lleno de pacientes, ¡tremenda cola! Si, claro, había estudiantes, pero nadie quiere que le atienda un estudiante. Por eso las cuatro doctoras de guardia no daban abasto.”

Hice una mueca de incomprensión. ¿Por qué alargar la espera de un niño enfermo si tienes médicos internos? Pero me contuve de comentar, la cosa ya pasó y ella no me lo cuenta para pedirme consejo. Sigue con su historia.

“Estuvimos ahí como desde las diez de la mañana hasta la una de la tarde. A pesar de los pedidos de las doctoras, la gente se resistía a ir con los internos, así que ellas forzaron la mano al marcharse del cuerpo de guardia. Imagino que estaban cansadísimas. Yo me lleve a la niña de vuelta para la casa y volví por la noche, cuando por fin me atendió una doctora de verdad. Todo un día para conseguir un reconocimiento y un par de análisis.”

Mi amiga y yo pasamos de tema en tema para ponernos al día, luego entramos al seminario que nos ha reunido y nos despedimos hasta la próxima. Al llegar a casa, el asunto de su larga espera en el pediátrico aún me ronda la cabeza. ¿Tenían razón ella y los otros adultos que se resistieron a que sus niños fueran atendidos por internos? No estoy segura.

De ese hospital pediátrico cercano a la Virgen del Camino, la antigua Quinta La Balear, no tengo recuerdos personales. Aunque me crié en Regla, y ese era el hospital que me correspondía, la última vez que mi madre me llevó tenía un año. ¿La razón?

Llegamos pasada la media noche, yo lloraba sin parar. No tenía heridas, erupciones o fiebre. No había doctores en el Cuerpo de Guardia. La enfermera explicó que estaban en el salón de operaciones y mis padres se sentaron a esperar. Una hora después yo seguía llorando en el salón y mi madre tuvo suficiente.

“¿Dónde está el médico?” exigió a la enfermera.

“Ya le dije que en el salón de operaciones…”

“¿Dónde está el salón? ¿Por allá? Voy a sacar a uno para que atienda a mi hija.”

“Usted no puede…”

Mi madre, se imaginarán, no se detuvo a escuchar argumentos sanitarios. Veinte metros dentro del pasillo, le salió al paso la médico de guardia, restregándose los ojos y con el pelo como erizo: estaba durmiendo. Quedó claro que la muy descarada había dado instrucciones de no ser despertada sino mediaba una emergencia. De ahí en adelante fuimos al pediátrico de Centro Habana.

Han pasado treinta y tres años, el problema de La Balear ya no parece ser la falta de médicos, sino la edad de los mismos. ¿Es la juventud de un médico criterio para negarse a ser atendido?

Cuando nació mi hijo, ya tenía suficientes kilómetros de hospitales recorridos como para juzgar, al menos, los procedimientos médicos básicos. Es así porque viví tres meses en un hospital cuando tenía diez años y después seguí dando tumbos por institutos y consultas, desde gastroenterología hasta oftalmología, desde el Pediátrico “William Soler” hasta el Clínico Quirúrgico “Hermanos Amejeiras”.

Luego, varios compañeros del bachillerato estudiaron medicina, oí sus quejas y amores en cada reunión –no hay recursos, la gente no sigue el tratamiento, esta rotación da asco, tardan mucho para traer a los niños a consulta, metí la pata y por poco se me muere un paciente, etc. Además, mi esposo Rogelio trabajó varios años en el CIREN, lo que añadió una perspectiva clasista al asunto: no te tratan igual allí que en el Calixto García. ¡Seguro!

Entonces, comparo la experiencia referida en La Balear con las mías en el Juan Manuel Márquez, que atiende a Playa, Mariano y La Lisa. En cinco años, acaso me atendieron tres médicos mayores de treinta años en Cuerpo de Guardia.

Hubo noches con el salón lleno de ataques de asma y fiebres. Mañanitas vacías, de esas en que los médicos charlan en la puerta y te conducen personalmente hasta la consulta. Una vez, llegamos al mismo tiempo que un par de ambulancias con niños heridos en un choque de autos.

Aclaro también que todo tipo de gente va al Juan Manuel Márquez: nuevos ricos de Miramar, intelectuales que apenas llegan a fin de mes, emigrantes de los barrios marginales de La Lisa. Se sabe por las ropas, los acentos, el modo en que tratan sus teléfonos celulares –como un tesoro o un artefacto desechable–, por el transporte en que llegan al hospital.

Allí, mi hijo ha sido auscultado por manos de Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Argentina, Uruguay, Camboya y Cuba. Nunca dudé al encontrarme con un interno, ni vi a otros padres expresar reservas al respecto. Acaso porque comienzan, los internos están conscientes de que están lejos de saberlo todo, y esa dosis de modestia es importante cuando se tiene en la mano una vida.

Los internos con quienes he chocado fueron exigentes en la entrevista sobre los antecedentes del paciente y los síntomas que condujeron al hospital, lentos y metódicos en el examen clínico. En varias ocasiones tenían sobre la mesa libretas para consultar las prescripciones y calculadoras electrónicas para ajustar las dosis –y mientras escribo esto, descubro que me gusta esa humildad.

Nunca me dejaron ir sin advertirme “y si no mejora en el lapso indicado, no espere más y regrese al hospital”.

Cuando único escuché de un mal manejo en ese hospital fue por la cocinera de mi trabajo: llevó a su nieta y una doctora –cuarentona– aseguró que no encontraba nada y debía llevarla a casa para “observación”. Gracias a la molesta insistencia de la anciana, accedió a indicar exámenes de orina. Resultó que tenía una infección de riñones asintomática.

No quiero decir con esto que el Juan Manuel Márquez sea mejor que La Balear –todas las instituciones tienen esqueletos en el armario–, sino que dudo que el eslabón más débil del mecanismo de atención en los Cuerpos de Guardia sea la proporción entre residentes y doctores.

Comento el asunto con mi madre, que –ya se habrán dado cuenta– es muy exigente en cuanto a cómo se comportan los médicos. Además, su edad y aventuras le hicieron ver el florecimiento y deterioro del sistema de salud cubano. Empezó a recorrer consultas en la década de 1960, por las cataratas de su hermana menor.

“Nunca juzgué a un médico por su edad. Cualquiera sabe que para aprender a curar hay que empezar de joven. No me importa si alguien es hombre, mujer, negro, blanco, joven viejo, amanerado o con pantalón a la cadera. Yo me fijo en que sea cuidadoso en el examen, convincente en el lenguaje para dirigirse a mí y explicar su diagnóstico. Esos son los elementos que me permitirán tener confianza o pedir otra opinión.”

“Claro, siempre que llevas a un hijo al médico te pones nerviosa. Pones en riesgo lo más querido, y tienes que confiar en alguien extraño sobre cosas que no puedes juzgar. Por eso es tan importante el protocolo, la ética. Va y eso es lo que pasa en La Balear. Algo ha pasado ahí para que tanta gente se resista a los internos.”

“Pero si hubiera sido yo no espero tanto y me voy a otro hospital. Desde la Virgen se puede ir al Pediátrico del Cerro, al de Centro Habana o al Vedado, para que te vean en el Marfán o el Borrás.”

Mi esposo es de opinión similar, aunque su adjetivo de elección fue “irracional”. “Es irracional hacer sufrir a un niño en la sala de espera cuando hay facultativos.”

Bueno, los prejuicios nunca han sido muy racionales.

Publicado primero en Havana Times: http://www.havanatimes.org/sp/?p=100028