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Vivir en Cuba y ser Queer ha sido elección. Mi vida es un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico.

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lunes, 20 de octubre de 2014

En busca de Estraven 3 (resumido)

Este texto es un ejercicio de epistemología feminista en la ciencia ficción cubana: se aplica la “hermenéutica de la sospecha” para llamar la atención sobre las lógicas de la subordinación entre géneros y orientaciones sexuales en el cuerpo textual de la ciencia ficción cubana, poco abordado por la crítica literaria nacional o extranjera.

El análisis cubre catorce textos publicados en Cuba, por siete personas que entraron al campo literario después de la Caída del Muro de Berlín –lo que equivale a estar dentro del Siglo XXI histórico, de acuerdo con Hobsbawm (1998). Los textos fueron escritos entre 1991 y 2012. El análisis no será cronológico, sino temático: La producción de estas siete personas –que considero imprescindibles en la CFC del periodo– es agrupada, de acuerdo al modo en que se alinean con diversos modelos de sexualidad, como patriarcales, feministas y queers.

Los autores y títulos son: Vladimir Hernández Pacín, Hipernova; Elaine Vilar Madruga, Al Límite de Los Olivos, Promesas  de La Tierra Rota y Salomé; Sigrid Victoria Dueñas, Ciudad En Red; Anabel Enríquez Piñeiro, Nada Que Declarar; Erick Mota, Bajo presión y Algunos recuerdos que valen la pena; Michel Encinosa Fu, Niños de neón, Dioses de neón y Veredas; Yoss, Pluma de león, Super-extra-grande y Condonautas.

Sigue leyendo en SEMla-Corresponsalía Cuba: Criterios: A propósito de las sexualidades en la ciencia ficción cubana contemporánea

De cuerpos de guardia, internos y prejuicios

Una amiga me comenta que tuvo a su hija adolescente enferma la semana pasada.

“Tu sabes que vivo a tres cuadras del Pediátrico de San Miguel del Padrón,” me cuenta “pero llevar a la niña casi a rastras esa distancia le zumba. El cuerpo de guardia estaba lleno de pacientes, ¡tremenda cola! Si, claro, había estudiantes, pero nadie quiere que le atienda un estudiante. Por eso las cuatro doctoras de guardia no daban abasto.”

Hice una mueca de incomprensión. ¿Por qué alargar la espera de un niño enfermo si tienes médicos internos? Pero me contuve de comentar, la cosa ya pasó y ella no me lo cuenta para pedirme consejo. Sigue con su historia.

“Estuvimos ahí como desde las diez de la mañana hasta la una de la tarde. A pesar de los pedidos de las doctoras, la gente se resistía a ir con los internos, así que ellas forzaron la mano al marcharse del cuerpo de guardia. Imagino que estaban cansadísimas. Yo me lleve a la niña de vuelta para la casa y volví por la noche, cuando por fin me atendió una doctora de verdad. Todo un día para conseguir un reconocimiento y un par de análisis.”

Mi amiga y yo pasamos de tema en tema para ponernos al día, luego entramos al seminario que nos ha reunido y nos despedimos hasta la próxima. Al llegar a casa, el asunto de su larga espera en el pediátrico aún me ronda la cabeza. ¿Tenían razón ella y los otros adultos que se resistieron a que sus niños fueran atendidos por internos? No estoy segura.

De ese hospital pediátrico cercano a la Virgen del Camino, la antigua Quinta La Balear, no tengo recuerdos personales. Aunque me crié en Regla, y ese era el hospital que me correspondía, la última vez que mi madre me llevó tenía un año. ¿La razón?

Llegamos pasada la media noche, yo lloraba sin parar. No tenía heridas, erupciones o fiebre. No había doctores en el Cuerpo de Guardia. La enfermera explicó que estaban en el salón de operaciones y mis padres se sentaron a esperar. Una hora después yo seguía llorando en el salón y mi madre tuvo suficiente.

“¿Dónde está el médico?” exigió a la enfermera.

“Ya le dije que en el salón de operaciones…”

“¿Dónde está el salón? ¿Por allá? Voy a sacar a uno para que atienda a mi hija.”

“Usted no puede…”

Mi madre, se imaginarán, no se detuvo a escuchar argumentos sanitarios. Veinte metros dentro del pasillo, le salió al paso la médico de guardia, restregándose los ojos y con el pelo como erizo: estaba durmiendo. Quedó claro que la muy descarada había dado instrucciones de no ser despertada sino mediaba una emergencia. De ahí en adelante fuimos al pediátrico de Centro Habana.

Han pasado treinta y tres años, el problema de La Balear ya no parece ser la falta de médicos, sino la edad de los mismos. ¿Es la juventud de un médico criterio para negarse a ser atendido?

Cuando nació mi hijo, ya tenía suficientes kilómetros de hospitales recorridos como para juzgar, al menos, los procedimientos médicos básicos. Es así porque viví tres meses en un hospital cuando tenía diez años y después seguí dando tumbos por institutos y consultas, desde gastroenterología hasta oftalmología, desde el Pediátrico “William Soler” hasta el Clínico Quirúrgico “Hermanos Amejeiras”.

Luego, varios compañeros del bachillerato estudiaron medicina, oí sus quejas y amores en cada reunión –no hay recursos, la gente no sigue el tratamiento, esta rotación da asco, tardan mucho para traer a los niños a consulta, metí la pata y por poco se me muere un paciente, etc. Además, mi esposo Rogelio trabajó varios años en el CIREN, lo que añadió una perspectiva clasista al asunto: no te tratan igual allí que en el Calixto García. ¡Seguro!

Entonces, comparo la experiencia referida en La Balear con las mías en el Juan Manuel Márquez, que atiende a Playa, Mariano y La Lisa. En cinco años, acaso me atendieron tres médicos mayores de treinta años en Cuerpo de Guardia.

Hubo noches con el salón lleno de ataques de asma y fiebres. Mañanitas vacías, de esas en que los médicos charlan en la puerta y te conducen personalmente hasta la consulta. Una vez, llegamos al mismo tiempo que un par de ambulancias con niños heridos en un choque de autos.

Aclaro también que todo tipo de gente va al Juan Manuel Márquez: nuevos ricos de Miramar, intelectuales que apenas llegan a fin de mes, emigrantes de los barrios marginales de La Lisa. Se sabe por las ropas, los acentos, el modo en que tratan sus teléfonos celulares –como un tesoro o un artefacto desechable–, por el transporte en que llegan al hospital.

Allí, mi hijo ha sido auscultado por manos de Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Argentina, Uruguay, Camboya y Cuba. Nunca dudé al encontrarme con un interno, ni vi a otros padres expresar reservas al respecto. Acaso porque comienzan, los internos están conscientes de que están lejos de saberlo todo, y esa dosis de modestia es importante cuando se tiene en la mano una vida.

Los internos con quienes he chocado fueron exigentes en la entrevista sobre los antecedentes del paciente y los síntomas que condujeron al hospital, lentos y metódicos en el examen clínico. En varias ocasiones tenían sobre la mesa libretas para consultar las prescripciones y calculadoras electrónicas para ajustar las dosis –y mientras escribo esto, descubro que me gusta esa humildad.

Nunca me dejaron ir sin advertirme “y si no mejora en el lapso indicado, no espere más y regrese al hospital”.

Cuando único escuché de un mal manejo en ese hospital fue por la cocinera de mi trabajo: llevó a su nieta y una doctora –cuarentona– aseguró que no encontraba nada y debía llevarla a casa para “observación”. Gracias a la molesta insistencia de la anciana, accedió a indicar exámenes de orina. Resultó que tenía una infección de riñones asintomática.

No quiero decir con esto que el Juan Manuel Márquez sea mejor que La Balear –todas las instituciones tienen esqueletos en el armario–, sino que dudo que el eslabón más débil del mecanismo de atención en los Cuerpos de Guardia sea la proporción entre residentes y doctores.

Comento el asunto con mi madre, que –ya se habrán dado cuenta– es muy exigente en cuanto a cómo se comportan los médicos. Además, su edad y aventuras le hicieron ver el florecimiento y deterioro del sistema de salud cubano. Empezó a recorrer consultas en la década de 1960, por las cataratas de su hermana menor.

“Nunca juzgué a un médico por su edad. Cualquiera sabe que para aprender a curar hay que empezar de joven. No me importa si alguien es hombre, mujer, negro, blanco, joven viejo, amanerado o con pantalón a la cadera. Yo me fijo en que sea cuidadoso en el examen, convincente en el lenguaje para dirigirse a mí y explicar su diagnóstico. Esos son los elementos que me permitirán tener confianza o pedir otra opinión.”

“Claro, siempre que llevas a un hijo al médico te pones nerviosa. Pones en riesgo lo más querido, y tienes que confiar en alguien extraño sobre cosas que no puedes juzgar. Por eso es tan importante el protocolo, la ética. Va y eso es lo que pasa en La Balear. Algo ha pasado ahí para que tanta gente se resista a los internos.”

“Pero si hubiera sido yo no espero tanto y me voy a otro hospital. Desde la Virgen se puede ir al Pediátrico del Cerro, al de Centro Habana o al Vedado, para que te vean en el Marfán o el Borrás.”

Mi esposo es de opinión similar, aunque su adjetivo de elección fue “irracional”. “Es irracional hacer sufrir a un niño en la sala de espera cuando hay facultativos.”

Bueno, los prejuicios nunca han sido muy racionales.

Publicado primero en Havana Times: http://www.havanatimes.org/sp/?p=100028

lunes, 6 de octubre de 2014

Una historia de libros de cocina

Para Nitza Villapol Andiarena, por supuesto

 

En la novela de ciencia ficción rusa Copia en limpio, la peripecia nos lleva a una versión futura de la Tierra donde la humanidad ha sido arrasada por el holocausto nuclear. Los pocos miles de sobrevivientes están en una isla y hablar de tiempo “de antes” es tabú. Sin embargo, algunas personas quieren saber: los intelectuales descifran textos de lenguas muertas, los marinos exploran las zonas abandonadas en busca de artefactos.

 

Kiril, el protagonista, descubre asombrado que, de la basta literatura rusa, “no se conservaron ni las obras de Pushkin, ni las de Tolstoi, ni siquiera una selección de artículos de Lenin o un manual de física, sino ¡un libro de cocina!” A la sorpresa pronto se impone la lógica: las colecciones de recetas se imprimen en papel resistente y, al guardarse en la cocina, tienen mayores posibilidades de sobrevivir al vandalismo que suelen sufrir los templos del conocimiento –bibliotecas, archivos, museos– cuando muere una cultura.

 

Semejante ejemplo de lo que perdura me hizo pensar en mi propia colección de libros de cocina y cuánto dicen de quienes somos, fuimos o queremos ser, como individuos y como sociedad.

 

 

Al hablar de libros de cocina en Cuba se piensa, automáticamente, en Cocina al Minuto. El libro de Nitza Villapol es referencia ineludible de la culinaria nacional y best-seller seguro, razón por la cual se edita en Cuba y Estados Unidos todavía hoy. Nacido de las investigaciones relativas al programa de TV que protagonizaba, no hay un Cocina al Minuto, sino varios. La primera edición fue en 1958, la última revisada por ella data de 1990.

 

Cocina al minuto, el programa de televisión, se trasmitió por 44 años ininterrumpidos, desde 1951 hasta 1997. Siempre con Margot Bacallao como ayudante, desde el mismo estudio de Mazón y San Miguel (La Habana) y por la misma emisora –que se llamó sucesivamente Unión Radio TV, Televisión Nacional, Canal 4, CMBF TV y Canal 6. Dice Ciro Bianchi que, “en su tiempo solo lo superaba en antigüedad Meet the Press”. Pero en años como conductora Nitza no tuvo rivales: nadie permaneció durante 44 años al frente de un programa. Su contendiente más cercano sería el periodista Lawrence E. Spivak, anfitrión de Meet the Press por 27 años para la NBC.

 

Aunque han pasado casi veinte años desde que el programa salió del aire, ninguna otra iniciativa culinaria ha cuajado en la TV nacional. Pero siempre hay en parrilla alguna oferta, desde el ofensivo “Cocina China” –recetas con carne de venado, langosta o cangrejo rojo de río, fácil fácil– hasta el divertido “Puedo cocinar” –de BBC Cbeebies, Katy Ashworth enseña a nenes de 7-8 años cómo preparar platos sencillos.

 

Poseo dos ediciones de Cocina al minuto (1980 y 1981), heredadas de mi madre. De ella aprendí su importancia para quienes no tenemos talento culinario, ni tiempo de pulir nuestras escasas habilidades. Seguí comprando libros ya adulta. Heredé otros de mi cuñada –algunos, legados de su abuela. El caso es que, al mirar el librero para ordenar las ideas y escribir esta columna, descubro ¡33 libros de cocina! Se pueden agrupar en: ocho genéricos, diez promocionales, nueve temáticos y seis antropológicos.

 

 

Genéricos: Este es el más usual, una selección de recetas de todo tipo, desde salsas hasta postres. De acuerdo al estilo definido por Eliza Acton en Modern Cookery for Private Families (1845), las recetas incluyen una lista de ingredientes, el método de cocción y variaciones posibles. La marca de su autor está en los comentarios, que pueden resumirse en el prólogo o aparecer a lo largo del volumen. Cocina al minuto sigue ese modelo.

 

Aquí hay un tesoro: un Boston Cooking-School Cook Book de Fannie Merritt Farmer de 1925. Editado por primera vez en 1896, es de los más famosos libros de cocina estadounidense. Aunque en su momento Little, Brown & Company no confiaba en que el libro tuviera salida, todavía sigue en circulación.

 

Promocionales: Variedad en peligro de extinción, pues se relaciona con la entrada al mercado de nuevos productos para la cocina. Las compañías incluían recetas en los manuales de usuario, así “demostraban” la utilidad de sus artefactos. Tengo dos folletos de ollas de presión Presto, otro de la licuadora Kenmore, y dos de refrigeradores, un General Electric y un Servel.

 

Método similar usaron las empresas de alimentos y aditivos: tengo instrucciones para cocinar los camarones cubanos Caribean Queen –en inglés y español–, sobre cómo mezclar Vegetales en Conserva Libby´s, un folleto de Salsa Aromática Angostura y dos de polvos de hornear Royal. Cosa curiosa, uno de los de Royal es Nuevos y apetitosos usos del plátano y algunas recetas de piña, pero a pie de página aclara que se refieren al “guineo”, “banano” o “johnson” y no al “plátano para cocinar”. ¿Cuál es la variedad “para cocinar”?

 

Supongo que el microondas regresó este tipo de materiales por un tiempo, pero hasta que no aparezca otro invento radicalmente nuevo para cocinar, seguirán como piezas de museo.

 

 

Temáticos: que reúnen recetas de un solo tipo de alimento. Para promover un hábito dietético, son ideales. Los prólogos se detienen en el beneficioso impacto para la salud y la tradicional o novedosa costumbre de consumir lo que sea. De ese tipo tengo Vegetales en Casa, de Ediciones Opina –¿se acuerdan de Opina? 150 recetas con huevos, aunque jamón, queso y champiñones se roban el protagonismo a la mitad. Tres colecciones de postres y dos de pescados –yo no compré esos, lo juro. Por último dos recetarios de cerdo y pollo –me encantan.

 

Creo que me gustan porque eliminan el trabajo de buscar en el índice. Cuando sabes qué vas a cocinar, pero no cómo, el libro temático es lo tuyo.

 

 

Antropológicos: He tropezado con ellos hace poco, aunque los libros de cocina con recetas típicas de una cultura o región –“étnicos” les llama la wikipedia– existen casi desde que se inventó la cocina profesional. Les digo así porque la conexión entre las recetas está en su origen geográfico o cultural.

 

El más viejo de este tipo en casa es The Talisman. Italian Cook Book de Ada Boni, edición neoyorquina de 1958. El más reciente Cocina permacultural de Miriam Cabrera Viltre (Observatorio Crítico, 2014), que no pretende ser un recetario –advierte en su nota de contraportada–, sino promover una cocina más sana e intuitiva. En ese grupo también está A la cubana. Recetas de la cocina tradicional, donde la curadora de arte Janet Ortiz Vian rinde homenaje a su madre, a Santiago de Cuba, su ciudad, y a la región oriental de Cuba, con su gran cruce de culturas. La editorial Arte y Literatura se abrió hace poco a esta línea con la colección “¡Qué bien huele! Variadas recetas del mundo entero”, incluye dos títulos: Latinoamérica en la mesa cubana (Silvia María Gómez Fariñas) y Sabores de África y Cuba (Sandra María Hernández Moncada).

 

Por último, otra joya, un folleto editado por la tienda El Encanto en 1961: Exposición anual de mesas para pascuas. Con el lema de “Celebre unas pascuas cubanísimas”, la administración de la gran tienda contrató a las cocineras estrellas del momento en Cuba, Ana Dolores Gómez y Nitza Villapol, para que elaborasen y expusieran seis menús “nacionales” para Pascua, Nochebuena, Navidad, Fin de Año y Día de Reyes. El material promocional incluye 8 recetas de los 34 platos expuestos. Si querías saber cómo hacer las otras delicias ¡a comprar! De Ana Dolores Gómez estaba a la venta un disco de larga duración llamado Mis platos favoritos, valía 4.95. De Nitza Villapol ya salía la quinta edición de Cocina al minuto, a 5 pesos.

 

 

No crean, después de este relato, que en mi casa se come cada día una cosa diferente y exótica. Yo no cocino, lo hacen mi suegra y mi madre por turno. Conservadoras las dos –por economía y vocación–, no quieren ni echarle pimienta a las comidas a cambio de disminuir la sal. Así que lo que gano en tiempo para otras tareas, lo pago con el paladar más aburrido del planeta.

 

Suspiro a veces, y recuerdo cuando Rogelio y yo vivíamos solos. Jóvenes e inventivos, buscábamos la receta que mejor se ajustara a nuestro humor y recursos: yo era buena para recordar nombres, medir y cortar ingredientes. Rogelio mezclaba luego los sazones y… ¡delicias sensuales!

 

Ahora, apenas logro que se haga algo árabe el día de mi cumpleaños y eso a regañadientes. Nada que en casa de coleccionista de recetas… arroz con frijoles y picadillo.

 

Publicado primero en Havana Times: http://www.havanatimes.org/sp/?p=99730

viernes, 26 de septiembre de 2014

Títeres para adultos, autogestionados y transformadores

El Equipo Gestor de la Bacanal del Títere para Adultos puso en circulación una convocatoria de apoyo económico que rompe con los modelos al uso de financiamiento del arte en Cuba y pone sobre el tapete el impacto de la “actualización del modelo económico” para la política cultural del país.

 

El mensaje circula por vía correo electrónico entre intelectuales relacionados con las artes escénicas cubanas. Se solicita ayuda para reunir 3 200 euros antes del 25 de octubre. La suma es necesaria para financiar la II Bacanal del Títere para Adultos. Aunque se trata de un evento aprobado por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el presupuesto asignado no cubre los gastos, pues el excelente resultado de la primera edición (2012) provocó que catorce grupos teatrales cubanos y siete extranjeros se inscribieran para presentarse en los escenarios de La Habana en noviembre. De acuerdo al Equipo Gestor, se trata de un crecimiento de 300%.

 

Cualquiera sabe lo que implica un aumento presupuestario inesperado donde la burocracia está al mando: si los recursos existieran, llegarían en seis meses.

 

Pero el Equipo Gestor está decido a tener la Bacanal ahora, así que aplicaron con su proyecto a la web de crowfunding Verkami y ya tienen un sitio donde recoger los aportes de fanáticos del títere o de Cuba, parientes y amigos solidarios: http://www.verkami.com/projects/9737-ii-bacanal-del-titere-para-adultos. Se reciben donaciones a partir de 5 euros. Las recompensas para los Mecenas dependen de la cantidad aportada.

 

Lo reunido se destinará al traslado de los diez grupos teatrales de distintas provincias de Cuba hacia La Habana, y su alojamiento durante toda la Bacanal. Si se superan los 3 200, quedará un poco para la organización de la III Bacanal, en 2016. Como es habitual en este tipo de empeño, si en cuarenta días no se ha reunido la cifra, las donaciones serán devueltas. Lo más probable es que la Bacanal no se pueda realizar más si esto falla.

 

Además, están las implicaciones para la política del Ministerio de Cultura respecto a su control de las iniciativas artísticas de Cuba. Si un evento logra conciliar el apoyo estatal con la gestión de fondos desde el extranjero sin involucrar a grandes fundaciones o compañías, sin hacer concesiones estéticas o políticas, otras ideas ahora contenidas podrían ponerse en marcha y poner más peso del lado de creadores y promotores en la política cultural del país.

 

El proyecto Bacanal del Títere para Adultos surgió a principios de la década para recuperar y actualizar el teatro de figuras para adultos en Cuba. La práctica, normalizada en muchos países de larga tradición titiritera –Rusia, India, Gran Bretaña, Estados Unidos–, floreció en Cuba durante la quinta y sexta década del siglo XX, cuando los hermanos Camejo y Pepe Carril lideraban con su genio creador el Teatro Nacional de Guiñol. Esta línea creativa fue prohibida durante la década de 1970, durante la persecución política llamada “Quinquenio Gris”.

 

No deja de ser paradójico que una cacería de brujas guiada por la defensa de los “puros ideales soviéticos” prohibiera una expresión escénica altamente valorada en Europa Oriental. Los titiriteros se presentaban regularmente a sala llena en Moscú y Praga, de día –para enseñar los valores “del hombre nuevo” a escolares– y de noche – con libertad para escenificar textos clásicos o contemporáneos sin respetar el “realismo socialista”. Porque hasta los comisarios sabían que el títere no puede ser realista.

 

No es hasta finales de la década de 1990 que regresan los títeres para adultos a la escena cubana, pero ha sido un fenómeno esporádico, por casi dos décadas. En 2012, después de mucho bregar, se realizó la primera edición de la Bacanal del Títere para Adultos. El evento atrajo bastante público –agradablemente sorprendido de la capacidad expresiva de los objetos usados en función dramática– y reveló a la crítica profesional el potencial creativo de grupos de teatro hasta entonces cómodamente etiquetados “para niños”.

 

Si el Equipo Gestor de la Bacanal logra financiarse a través del Micromecenazgo y estabilizar su presencia en el calendario escénico cubano, habrán cambiado algo más que el teatro cubano, para bien.

 

¿Tienes 5 euros?

 

Publicado en HAVANA TIMES

jueves, 11 de septiembre de 2014

Mi madre y yo emprendedoras

Este martes fui con mi madre a sacar una Licencia de Trabajo por Cuenta Propia. Vamos a unir capital y talento, dejaremos de hacer lo que estudiamos -ella pedagogía, yo teatro- para ganar dinero y aportar al PIB nacional. Nos esperan muchos modelitos, sellos y oficinas calurosas.

 

 

Empezó en julio, cuando mamá decidió que no volvería al aula.

 

Mi madre es maestra de oficio y vocación, de las que inventa juegos didácticos mientras lava platos. Ejerce desde niña –Campaña de Alfabetización de 1961–, vio las buenas y malas del oficio, tiene exalumnos en todos los sectores y –supongo- muchos países. Hasta junio controló el aula desde su escaso metro con cincuenta y ocho, merced de una voz tonante, vista ágil y lengua ácida para responder las frescuras de cualquier adolescente. No lo deja porque la juventud esté perdida –aunque cree que lo está–, sino por la burocracia alrededor del cuerpo docente, que la asfixia.

 

Durante el verano comprendió que cuando tienes A [el retiro de una maestra no alcanza] + B [sentarse en casa a cuidar del nieto es un suicidio mental] lo único que obtienes es C [buscar un nuevo quehacer pronto o me vuelvo loca]. Así que recordó que de niña se hizo un vestido con papel crepé de modo autodidacta –tenía siete años–, lo que le valió matrícula expedita como aprendiz de la modista del barrio. Aquellas clases cimentaron un oficio, y a veces pienso que mi madre podría haber sido diseñadora de modas, en lugar de maestra. 

 

 

Recuerdo los fines de semana en que mamá despertaba “inspirada”. Se sentaba en la máquina de coser –un elefante de la RDA que seguro diseñaron en octubre de 1945– y no paraba más que para tomar agua o ir al baño. La comida llegaba del piso de abajo –mis abuelos maternos– y yo sabía que el traqueteo solo sería interrumpido para medirme y probarme las nuevas piezas. Así pudimos sortear con guardarropas elegantes y cómodos los horribles diseños industriales de los 80, las tiendas desiertas de los 90, y, con el alba del nuevo milenio, el regreso de los malos diseños, ahora a precios inaccesibles.

 

Dicen que en el mercado la clave está en el nicho que explotas. Mi madre lo encontró de casualidad, mientras discutíamos en la mesa del comedor la difícil situación de una parienta para encontrar uniformes de la talla de su hijo, que es “un poco” alto para su edad. Del chisme saltamos a las amargadas reflexiones socio-económica sobre la desaparición de la industria nacional de confecciones, por lo que las tiendas están llenas de diseños feos y tejidos baratos llegados desde China. Luego alguien recordó que otra parienta, arquitecta, diseñó el complejo industrial textil de Santa Clara, glorioso elefante blanco de la era del CAME que, se dice, los chinos transformarán en una maquila.

 

Seguimos despotricando de la difunta URSS y el actual PCC, con intelectual elegancia y numerosas citas a los clásicos del marxismo, pero ella no escuchaba, porque tuvo su epifanía: Desde siempre, la industria nacional entrega los uniformes escolares tarde, la distribución de tallas es disfuncional y las cuotas de una o dos camisas no cubren las necesidades del clima y la higiene. Haría camisas escolares.

 

 

Compró la tela, rastreó como un sabueso los botones. Regamos la bola con vecinas y madres de niños en edad primaria. Los encargos han empezado a llegar, y está feliz porque es como seguir en la escuela –los uniformes, la adrenalina del curso escolar, la infancia–, pero sin burócratas y con la coraza de una máquina de coser –ahora una Singer antediluviana de paso silencioso.

 

Comprobado el nicho y la viabilidad contable, pasamos a la fase de inversión de capital: máquina de coser nueva, licencia legal, anuncio en Revolico.

 

Como técnicamente estoy desempleada –sin estar en la UNEAC ni haber publicado un libro no puedo pagar impuestos–, unirme a mi madre en su negocio de costura es el único modo más o menos fácil de pagar seguridad social. Me parece absurdo, claro, pero hasta que el Ministerio de Cultura renuncie a gestionar los impuestos del gremio a partir del “prestigio” y empiece a basarlos en la “producción” tendré que jugar a las escondidas con la ONAT.

 

Así que el miércoles que viene tendré un carnet que me hará capitalista certificada de la industria del vestuario. Encima tendré que contratar a mi madre, porque… No quieren saberlo.

 

Deséennos suerte.

 

Publicado primero en Havana Times

viernes, 1 de agosto de 2014

Días de radio en La Habana

Para leer con el CD Dial, de Buena Fe

 

Elegí mi segundo celular porque podía usarse como radio.

 

Ante la vitrina de la tienda, el empleado me explicó las características técnicas de los tres modelos que funcionarían en Cuba –aunque en realidad no estaba seguro. Descarté al de pantalla táctil, por razones presupuestarias, y ya me preguntaba si tendría que tirar una moneda al aire para decidir entre los otros dos cuando oí la palabra "radio". Pedí que repitiera el detalle, temía un error entre su portugués y mi español. No, "radio" era lo mismo para ambos: sonido a través del éter.

 

Era 2011, tenía un teléfono celular como botín de la escapada a Europa, pero los precios de CUBACEL me obligaron a posponer el contrato del teléfono. Así que regresé a la radio. Tampoco es como si hubiera estado completamente ajena a la misma esos años. ¿Quién en Cuba no oye de vez en cuando Radio Reloj?

 

Al menos yo no puedo escapar: mi suegra comienza el día con Radio Reloj, "la emisora que marcha junto al tiempo", que es lo que hace "todo el mundo" en Cuba cuando el tiempo apremia: marcar el ritmo con el bip–bip continuo de los minutos y las noticias. A mi esa emisora me fastidia.

 

No se trata del bip–bip. Se trata de las "noticias" que leen a toda hora en Radio Reloj. No puedo lidiar con la prensa cubana tan temprano. Mi esposo persiste en oírlo. Dice que quiere saber la hora y que Radio Reloj es la única emisora que menciona temas que le interesan un poco. Claro, eso es hasta que oye los argumentos de las informaciones y ¡a enfadarse! No lo entiendo, en serio, a estas alturas ¿sorprende a alguien el carácter panfletario de la prensa cubana?

 

Después del desayuno cada cual coge su rumbo. Apago el bip–bip que me tortura desde la cocina, me ajusto los audífonos del celular y puedo comenzar a oír la radio que me gusta. Me limito a tres emisoras: Radio Ciudad de La Habana, Radio Enciclopedia y Radio Metropolitana.

 

El primer ciclo es con Radio Ciudad, "la emisora joven de la capital".

 

A las ocho empieza Café Ciudad, una revista musical y de divulgación científica. Las notas informativas van desde descubrimientos sobre la extinción de los dinosaurios hasta el desarrollo de nuevas variantes del Eberprot en Cuba, pasando por prótesis oculares computarizadas o la investigación de terapias genéticas. Salpican el programa con líneas auto-promocionales que juegan con los patrones de producción y consumo del café en el mundo. Por ejemplo: "Más de veinte millones de personas en el mundo trabajan en la industria cafetalera. De ellas, el diez por ciento oye Café Ciudad" –¡hay que ser presumido! Al cierre, hay un mini concierto, pues se despiden y dejan tres o cuatro canciones sin cortes.

 

A Café… sigue el ya icónico Disco Ciudad, los cincuenta y ocho minutos de Juan Camacho para presentar lo mejor del rock. Mayormente se escucha lo más reciente del género, pero hay un día a la semana dedicado a la memoria: solo piezas del siglo XX. Camacho intercala con habilidad material cubano, sea grabado con sellos establecidos o en alguno de los estudios "emergentes" que dinamizan –a la fuerza– el panorama musical del patio. Aunque no estoy tan interesada como para ir a conciertos en vivo, las informaciones sobre las presentaciones de las bandas de rock y jazz en los (pocos) espacios que ofrecen esta música me mantienen actualizada sobre la "geografía" sonora de la capital.

 

Disfruto Disco Ciudad, sobre todo, porque aprendo de las sensibilidades y derroteros de un pedazo de la cultura universal que me fue negado mientras crecía. Mi infancia coincidió con la época de veda a la música en inglés y todo lo que pareciera "ideológicamente" sospechoso, de modo que las explicaciones de Camacho sobre las dinámicas internas del rock y la industria musical me son imprescindibles para comprender esa parte ineludible de la cultura actual. Disco Ciudad me permite dar sentido a mucha ficción contemporánea –cubana e internacional–, cuyas tramas refieren a la cultura del cine y la TV de Estados Unidos, y del rock y el pop anglosajón. Ignorar ese legado me hace inculta. Incultura más peligrosa que la que implica ignorar las desventuras de Madame Bovary, pues me separa de mis contemporáneos.

 

A las diez de la mañana cambio a Radio Enciclopedia, frecuencia cubana que solo transmite instrumentales. Se anuncian como "una emisora para todos los momentos de la vida" y creo que tienen razón, pues no hay modo de distinguir un momento del día de otro con esa gente. A toda hora, las versiones "descafeinadas" de música pop y las suaves voces de sus locutoras –solo mujeres en el micrófono es su otro sello- relajan, ponen al público entre paredes de algodón de azúcar sonoro. ¡No hay mejor banda sonora para hacer colas!

 

Igual no aguanto mucho. A las once regreso a Radio Ciudad, donde comienza el programa musical con mayor índice de audiencia de Cuba: Disco Fiesta 98. "De pie, de pie" –arenga el locutor y el ritmo se apodera de mi cuerpo. Aquí todo es buena música bailable, lo que se traduce a géneros caribeños –desde el son hasta el ballenato–, pop, fusión y algún reguetón selecto. De vez en cuando, algún artista va a promover una pieza recién salida del estudio o, ¡mejor!, un disco completo –que en menos de una semana se podrá comprar en los puestos de CD quemados. También saludan a quienes reportan sintonía a través de los teléfonos de la emisora o por MSM.

 

Casi a medio día, Disco Fiesta 98 informa sobre las presentaciones en vivo más próximas, pero no se limitan a La Habana o a la música bailable. Se precian de tener "la cartelera musical más completa de la radio en Cuba", así que anuncian desde las giras de la Sinfónica hasta el programa de "El Submarino Amarillo" –meca del rock habanero–, y conciertos en las plazas y teatros de toda Cuba.

A la una de la tarde regreso a Radio Enciclopedia, una de las pocas estaciones –junto a Radio Reloj– libre de esta tortura panfletaria del Noticiero Nacional de Radio. Me quedo ahí hasta las tres o las cuatro.

 

A las cuatro, empieza A propósito en Radio Metropolitana. La selección musical incluye inesperadas canciones del movimiento de hip hop de Alamar –con crudas denuncias del racismo cubano–, o autores e intérpretes de culto del regué caribeño y norteamericano de inesperada cercanía. Son dos horas de sonido afrodescendiente –con intérpretes de todos los colores–, alternados con reflexiones sobre el legado popular en la historia de Cuba.

 

De repente el retablo de la historia nacional se llena de líderes sindicales anarquistas, mujeres en huelga, intelectuales negros, masones y católicos conspiradores. A Propósito se especializa en rescatar de los libros de historia esos pedazos que revelan la complejidad de esta cultura –tan masculina, marxista, blanqueada y autoritaria en el discurso oficial.

 

Casi al final de la jornada, si me escabullo al pan o la bodega, escucho a pedazos Rapsodia Latina, musical de Radio Ciudad dedicado a los ritmos del Caribe –de 5 30 a 6 30 PM. Más tarde está Sala Máster, hora y media de rock que ofrece Radio Metropolitana para quienes no se saciaron con Juan Camacho en la mañanita.

 

Ahí se acabó de verdad. Porque baño al niño, comemos en familia, le leo un cuento para dormir… cosas incompatibles con audífonos y aislamiento.

 

A todas estas, ¿saben que soy una hija pródiga? Mi relación con la radio se remonta casi un cuarto de siglo –me siento vieja apenas tecleo las palabras. Mi adolescencia transcurrió en la década de 1990, cuando la crisis provocó el regreso de la radio al protagonismo doméstico nacional. Como los apagones hacían imposible confiar en la TV, el receptor radial, alimentado con pilas alcalinas cuidadosamente atesoradas, o cableado a la batería de un auto o moto: era la opción más segura.

 

En algún momento de esos años llegó la telenovela brasileña "Vale Todo". El público enloqueció con el enrevesado guión –dicen que desde "La esclava Isaura" los hombres no admitían ver telenovelas–, las excelentes actuaciones y la discontinuidad forzada por los apagones –que añadieron aún más emoción a las sorpresas dramáticas.

 

En respuesta a este último elemento, que seguro nadie imaginó en las oficinas de O Globo –la productora–, Radio Rebelde transmitía resúmenes de cada capítulo en las mañanas, para que no nos fuéramos de casa sin saber de la última maldad de Fátima (Gloria Pires) contra su millonario e inepto marido, o la enésima prueba de la vida a Raquel (Regina Duarte).

 

Días de radio. Ausentes de inocencia o electricidad. Días de radio que regresan ahora en un teléfono celular.

 

Publicado primero en HAVANA TIMES

lunes, 28 de julio de 2014

LGBTI DE CUBA EN REBELDÍA NACIONAL

 

La Habana, 26 de julio de 2014

 

Los y las integrantes del Proyecto Arcoíris:

 

INCONFORMES con la respuesta a nuestra misiva al Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ofrecida por José Luis Toledo Santander, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos del Parlamento y de la comisión que, por acuerdo del Parlamento, tuvo a su cargo la redacción final de la Ley No.116 Código de Trabajo.

 

PREOCUPADXS porque la comisión parlamentaria desconoció el sentido del voto de los diputados y diputadas, las propuestas del Presidente y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y del propio Presidente de la Asamblea Nacional, de integrar de forma armoniosa al texto final las propuestas de modificación que realizaron varios integrantes, en especial las de Mariela Castro Espín, para incorporar el principio de no discriminación por identidad de género y seroestatus frente al VIH/sida.

 

INSATISFECHXS con los insuficientes avances legislativos de Cuba en relación con los derechos de las personas gays, lesbianas, bisexuales, trans e intersex, que no cumplen con la voluntad de las y los activistas LGBTI, ni la establecida por el Partido Comunista de Cuba en los Objetivos de Trabajo de su Primera Conferencia Nacional, de enfrentar todas las formas de discriminación, incluyendo por orientación sexual, y donde se recomendó incorporar la identidad de género.

 

SOLIDARIXS con nuestras hermanas y hermanos transexuales, travestis y transgéneros, grupo profundamente desfavorecido, porque está en situación de vulnerabilidad familiar y social, lo que les dificulta el acceso pleno a todos los niveles de enseñanza y les obliga a aceptar empleos no calificados en el mejor de los casos, u optar por la prostitución y ser víctimas frecuentes de violencia de género y trata de personas.

 

EXIGIMOS que la Presidencia de la Asamblea Nacional y la Fiscalía General de la República investiguen a fondo el incumplimiento del mandato recibido por la Comisión de Estilo y Contenido que concluyó la redacción de la Ley N. 116 Código de Trabajo, y de todas las instituciones o personas que puedan estar involucradas en ese hecho ilegal y violatorio de los principios de la Democracia Socialista.

 

REQUERIMOS que se agoten todos los procedimientos jurídicos existentes, con vistas a volver a someter a votación del Parlamento la incorporación a la Ley N. 116 Código de Trabajo de la no discriminación por identidad de género y seroestatus frente al VIH/sida.

 

SOLICITAMOS a la diputada Mariela Castro Espín, quien resumió varias propuestas de trabajadoras y trabajadores LGBTI, incluyendo las que fueron obviadas por la comisión de estilo y contenido, que, en uso de las facultades que le otorga la Constitución de la República, ejerza su derecho a la iniciativa legislativa individual –nunca antes utilizada en nuestra Asamblea Nacional– para presentar ante el parlamento un proyecto de Ley de Identidad de Género y de un nuevo Código de Familia, que reconozca explícitamente los derechos de la ciudadanía LGBTI y sus familiares.

 

Tomado de Proyecto Arcoíris

viernes, 27 de junio de 2014

Por un beso revolucionario

Por Negracubana

El próximo sábado 28 de junio se cumplirá el aniversario 45 de los Disturbios de Stonewall Inn, acontecidos en la ciudad de Nueva York.

 

El Proyecto Arcoiris, que trabaja por los derechos de las personas LGTBI, ha convocado a la Segunda Besada por la Diversidad y la Igualdad, en la conocida Plaza Vieja de La Habana, a las 4:00 pm.

En el año 2012, Arcoiris coordinó una actividad similar pero tuvo lugar en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus habanera. Aprovechamos para entrevistar a Yasmín Silvia Portales Machado, gestora y activista del proyecto, acerca de lo que se pretende este año con dicha acción.

 

¿Qué actividades va a realizar el Proyecto Arcoiris por el 28 de junio?

 

Elegimos esta acción por su bajo costo y capacidad inclusiva, simplemente invitamos a la comunidad LGBTI y todas las personas heteroaliadas que deseen celebrar el placer y derecho del cariño.

Al mismo tiempo, es una provocación política en toda la regla, pues en Cuba el espacio público sigue siendo altamente heteronormativo. Apoderarse de la calle, normalizar el derecho de todas las personas a actuar sin dobleces a plena luz del día, es un reto político serio en nuestro país.

 

La convocatoria que hemos circulado aclara el carácter político del acto, y su articulación con los pasos que dan diversos actores sociales hacia la construcción de una cultura nacional que reconozca y celebre la diversidad de su ciudadanía.

 

En un contexto donde se destaca que el Código del Trabajo no incluyó entre las razones de discriminación la identidad de género, y teniendo como antecedente la realización en Cuba de la VI Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Trans e Intersexuales en América Latina y el Caribe (ILGA-LAC), ¿consideras que es momento para pasar de "acciones románticas" al "activismo político"?

 

Es posible que desde fuera parezca que esto es romántico, pero para la estructura política y legal de Cuba, lo que hacemos es muy serio. No hay nada de romanticismo en retar la política estatal sobre los derechos civiles de la comunidad LGBTI y su autonomía.

 

El Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) –la institución del Estado encargada del asunto LGBTI– defiende la tesis del "acompañamiento" a las personas LGBTI. Puede que las intenciones fueran las mejores, pero ello se ha traducido en grupos que separan a las identidades (hombres biológicos, mujeres biológicas, personas transexuales) sin autonomía política ni capacidad de diálogo entre sí o con otros sectores sociales. Proyecto Arcoíris reta esa noción al constituirse sin apoyo institucional y consensuar una agenda solo con la opinión de sus integrantes.

 

En sus casi tres años de vida -se inició en el 2011- Proyecto Arcoíris no ha hecho otra cosa que defender la idea de que la discriminación a las personas LGBTI es un asunto político: es una carencia de nuestras leyes y nuestra cultura respecto a los derechos ciudadanos en Cuba, se enlaza con la discriminación por género y tiene, en última instancia, expresiones materiales de pobreza, precariedad legal, violencia familiar, pública e institucional.

 

Es un desafío político realizar un boletín electrónico sin permiso del Registro Nacional de Publicaciones Periódicas, romper con el monopolio informativo de los medios estatales y con la lógica que considera las publicaciones comunitarias una amenaza a la unidad nacional.

 

Es un desafío político criticar la gestión del CENESEX o el gobierno cubano, exigirles rendición de cuentas públicas por sus decisiones o silencios en política interna –el Censo de Población y Viviendas 2012, demoras en el Código de Familia– o externa –la VI Conferencia de ILGA-LAC.

 

Ahora mismo se ha criticado desde Arcoíris el secuestro de la voluntad parlamentaria en la Ley 116 del Código de Trabajo, pues la versión final no comprendió la identidad de género y el estatus de VIH como causas punibles de discriminación en el empleo. La denuncia de Paquito el de Cuba –integrante de Arcoíris– fue la primera, la replicamos en redes sociales y por correo electrónico. La declaración posterior de Mariela Castro –un salto tremendo que una Diputada se desmarque de la posición oficial– reconoce esta labor y lo útil de la sociedad civil crítica frente al Estado.

 

Luego de la Conferencia, ¿han surgido o no articulaciones con los grupos comunitarios del CENESEX u otras organizaciones de la sociedad civil que tocan el tema?

 

No hay relaciones de trabajo con el CENESEX. Si bien tenemos las relaciones más cordiales con sus activistas y varios funcionarios y funcionarias, incluso con Mariela Castro, eso no ha progresado hacia la colaboración en el activismo.

 

En 2013 tratamos de establecer un acuerdo con vistas a los Gay Games, pero la lógica burocrática de la institución –es así por naturaleza, no se trató de un ataque ni una trampa hacia Arcoiris– acabó asfixiándonos.

 

Respecto a los grupos comunitarios del CENESEX, veo difícil la colaboración por su falta de autonomía política y material. Están enfocados en un discurso de conciliación, y sus demandas –conocidas– no reflejen enfoques integrales sobre la estructura social de Cuba como espacio de opresión a la diversidad.

 

Arcoíris defiende la tesis de que ni la homofobia ni el machismo son solo "cultura" o rezagos del pasado. Para nuestro colectivo las discriminaciones son artefactos ideológicos, partes orgánicas del tejido socio-económico de la sociedad de clases, de ahí la coletilla "anticapitalista e independiente". Luchar contra la discriminación estructural implica –al cabo– luchar contra la desigualdad y la explotación –porque para hacer efectivos los derechos tienes que cubrir necesidades básicas de subsistencia.

 

Ya antes de la Conferencia Regional de ILGA-LAC mantuvimos intercambios con el Centro Nacional de Prevención de ITS-VIH-sida sobre elementos en los que pudiéramos colaborar. Ahora estamos estudiando los materiales que nos dieron –la prevención no es especialidad de nadie en Arcoíris– a ver qué se nos ocurre. Pero solo el gesto de abrir un puente de diálogo entre iguales es una muestra de reconocimiento del Centro a nuestra labor. Lo agradecemos.

 

Tomado de Negra cubana tenía que ser